Europa y su folclore
Retro-Conexión | Jalisco Radio
Acompañanos en un viaje por el tiempo y el espacio para conocer los orígenes folclóricos de lo que ahora conocemos como música clásica.
Gigue de la Suite No. 6 para violonchelo solo
Compositor: Johann Sebastian Bach
Intérprete: Misha Maisky
Durante el renacimiento, por ahí de los siglos XVII y XVIII, nació un género instrumental que hoy en día llamamos la Suite Barroca (no confundir con la suite moderna). La Suite Barroca típicamente está compuesta por 6 movimientos que en realidad son danzas. Las suites para cello solo de Johann Sebastian Bach por ejemplo comienzan con una obertura, seguida de una allemanda (una danza típica alemana), después una courante francesa, una zarabanda (que increíblemente tiene su origen en américa), un minueto o burré (provenientes de Francia), y todas terminan con una jiga, esa danza alegre y vivaracha de escocia e inglaterra.
Quédate en conexión con Jalisco Radio porque el día de hoy escucharemos música de Johann Sebastian Bach, Ludwig van Beethoven, Bela Bartok, Antonin Dvorak y Manuel de Falla que nos llevarán en un viaje por el tiempo y el espacio para conocer los orígenes folclóricos de lo que ahora conocemos como música clásica.
Sinfonía No. 7 en La mayor
Compositor: Ludwig van Beethoven
Orquesta: Orquesta Filarmónica de Viena
Director: Sir Simon Rattle
Pues si, cuando escuchamos a Bach, Vivaldi o Mozart, lo que estamos escuchando en realidad es música folclórica muy estilizada y sofisticada. Es por eso que me da tanta comezón cerebral llamar música clásica a la música de estos grandes autores, porque si nos remontamos a sus orígenes, seguramente descubriremos que estos géneros germinaron a partir de la música folclórica del continente Europeo. La música clásica será música muy elegante e intelectual como dicen algunas personas, pero toda proviene de donde mismo. Danzas folclóricas, cantos tradicionales, historias populares o los mitos y leyendas de las naciones en donde crecieron compositores como Ravel, Dvorak y Beethoven.
Jamehdaran
Intérprete: Faramarz Payvar, santur
La historia de la música clásica es un ejemplo clarísimo de globalización y de armonía entre las naciones. De hecho, si seguimos el rastro de todos los instrumentos de una orquesta sinfónica, las migajas de pan nos van a llevar a lugares y épocas inesperadas. Tomemos el piano por ejemplo. El papá del piano era el clavecín, su abuelo el címbalo hungaro… y si seguimos así en el árbol genealógico aparece el santur persa, que con más de tres milenios, es uno de los instrumentos más antiguos de la civilización humana.
Si tienes curiosidad y quieres conocer un poco más sobre la historia de los instrumentos de la orquesta sinfónica, entra a www.retro-conexión.com y en la sección de Series encontrarás un episodio por cada instrumento, además puedes encontrar las playlist de Spotify de toda la música que escuchamos en Retro-Conexión.
Cine Hecho en Jalisco
El sábado 29 de agosto a las 6 de la tarde, te invitamos a ver “Cine Hecho en Jalisco” con palomitas incluidas. Y como ya es tradición, este fin de semana tendremos un programa doble porque podrás ver la proyección del corto: Una Torreta en Llamas, nominado al Premio Ariel 2026, por Mejor Cortometraje de Ficción. Esta es la historia de un soldado herido es rescatado por una campesina que vive en las montañas. Mientras decide si debe ayudarlo, arriesgando sus vidas, su nieta Alejandra intentará acercarse a él para confirmar sus propias sospechas.
También podrás ver “Las Mutaciones”, de Jorge Ramírez Suárez, director de Guten Tag Ramón, nominada al Premio Ariel 2026 por Mejor Actriz y Mejor Guión Cinematográfico Adaptado. Este largometraje trata de cómo la vida de un abogado cambia tras una cirugía que lo deja mudo y un loro parlanchín regalado por la empleada doméstica se convierte en su interlocutor imaginario.
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Folclore en Europa del este
Con cierta frecuencia, cuando hablamos de música popular y música académica —esa que solemos reunir bajo la etiqueta de “música clásica”— aparecen la comparaciones: “¿cuál es mejor?, ¿cuál es más compleja?, ¿cuál tiene mayor valor artístico?” El problema comienza justamente al intentar colocarlas en una misma escala. Sus formas de creación, transmisión y sus funciones son muy distintas, y la propia historia demuestra que tampoco han vivido en mundos separados.
Numerosos compositores encontraron en las músicas de sus pueblos ritmos, melodías, escalas y formas de expresión que después llevaron a sus propias obras. En algunos casos fue una influencia y en otros hubo además una incorporación de formas y materiales tradicionales vinculada también a la búsqueda de una identidad musical. Con Béla Bartók, esa relación llegó incluso a convertirse en un trabajo sistemático de investigación.
De la música tradicional a la sala de conciertos
La música que durante generaciones acompañó bailes, celebraciones y reuniones comunitarias encontró también un lugar en las salas de concierto europeas. Durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX, numerosos compositores se acercaron a esas tradiciones desde circunstancias y propósitos diferentes: algunos trabajaron con ritmos y formas de danza; otros incorporaron canciones conocidas; hubo también quienes salieron de las ciudades para buscar, escuchar y documentar directamente las músicas conservadas por las comunidades rurales.
En esta selección tomamos tres casos: la mazurca polaca en la música de Frédéric Chopin, una canción tradicional checa dentro de las Bagatelas de Antonín Dvořák y, finalmente, el trabajo de campo realizado por Béla Bartók, quien encontró en las músicas campesinas de Europa oriental un territorio de investigación que acabaría influyendo profundamente en su manera de componer.
Mazurka No. 3 en Mi menor, Op. 6 No. 3
Pianista: Vladimir Ashkenazy
Cuando Chopin comenzó a escribir mazurcas, la danza llevaba tiempo formando parte de la cultura musical de Polonia. El término reúne características procedentes principalmente de tres danzas tradicionales —el mazur, el kujawiak y el oberek—, todas en compás ternario, aunque con diferencias de carácter, velocidad y acentuación, ya que en estas danzas, en contraste con el vals, los acentos recaen en los tiempos 2 y 3.
Chopin conoció ese mundo musical desde joven. Sin embargo, sus mazurcas no son transcripciones de melodías folclóricas concretas. Trabajó con elementos reconocibles de aquellas danzas —sus ritmos, desplazamientos de los acentos, modos y giros melódicos— y los llevó al piano, hasta convertir la mazurca en uno de los géneros que recorrieron prácticamente toda su vida creativa.
La Mazurka núm. 3 en mi mayor, op. 6 núm. 3, pertenece a uno de sus primeros conjuntos publicados del género. Fue escrita alrededor de 1830-1831 y lleva la indicación Vivace. Es una pieza breve que permite escuchar cómo una danza vinculada originalmente al baile adquiere una nueva vida dentro de una pieza destinada al piano del periodo romántico.
Bagatela Op. 47, No. 5 en Mi menor
Intérpretes: Josef Suk, Miroslav Ambros y Karel Untermiüller
Las Bagatelas, op. 47 de Antonín Dvořák fueron escritas en mayo de 1878, en apenas doce días, durante un periodo decisivo para la carrera del compositor checo. Brahms había recomendado su música al editor Fritz Simrock y ese mismo año comenzaron a circular internacionalmente obras como los Dúos moravos y las primeras Danzas eslavas.
Las Bagatelas pertenecen, sin embargo, a un ámbito más íntimo. Su instrumentación —dos violines, violonchelo y armonio (un instrumento de viento con teclado, parecido a un pequeño órgano )— estaba pensada para la práctica musical en casa, un espacio de enorme importancia durante el siglo XIX, cuando tocar música en el hogar era una de las principales maneras de conocer repertorio nuevo.
Dvořák utilizó como elemento recurrente de las Bagatelas el comienzo de la canción tradicional checa Hrály dudy, “Las gaitas estaban tocando” o “Tocaban las gaitas en Popuda”. Los movimientos primero, tercero y quinto comparten un carácter vivo y humorístico, y además están relacionados por la reaparición del tema principal del primer movimiento; el segundo y el cuarto, más lentos y líricos, funcionan como contraste.
Las cinco piezas se interpretaron por primera vez al público en Praga, en febrero de 1879, con el propio Antonín Dvořák al armonio. De este ciclo escuchamos precisamente el quinto movimiento, en mi menor, Poco Allegro.
Danza folcórica rumana para orquesta, Sz. 68
Intérprete: Orpheus Chamber Orchestra
«La música tradicional tiene un significado artístico solamente si, en manos de un gran artista creativo, puede penetrar e influenciar a la música como un arte liberal.»
«La verdadera tónica de mi vida… es el concepto del hermanamiento de las gentes, hermanamiento a pesar de cada guerra, de cada disensión. Hasta donde tengo fuerza yo trato de servir a este ideal en mi música.»
Un viaje a 1908
Con Béla Bartók, la relación con la música tradicional adquiere otra dimensión. Y para conocerla, les propongo hacer un pequeño viaje en el tiempo.
Año 1908. Tenemos frente a nosotros a un joven Béla Bartók, de 27 años. Como pueden ver, no está sentado al piano ni escribiendo una partitura. Está utilizando un aparato que en esta época representa una tecnología relativamente nueva: un fonógrafo Edison.
Bartók está grabando canciones interpretadas por campesinos eslovacos. El sonido queda registrado en cilindros de cera para poder escucharlo nuevamente, transcribir las melodías y estudiarlas con detenimiento.
¿Por qué estaba un compositor recorriendo comunidades rurales con semejante aparato? para responder a esta pregunta cito algo que él mismo escribió:
«No mucho tiempo después, conseguí una subvención en 1905, a la inquieta edad de 24 años, me embargó el deseo de viajar. Por ello empecé a explorar Hungría. Fui de pueblo en pueblo y oí la verdadera música de mi raza-música tradicional (folk-music). Era el estímulo que necesitaba. Esta música fue una revelación para mí.»
Bartók había comenzado en 1905 a buscar directamente las músicas conservadas entre las poblaciones campesinas. Poco después compartió esta labor con su compatriota Zoltán Kodály. Escuchaban, grababan, transcribían y catalogaban lo que encontraban. Con los años, reunieron más de diez mil canciones populares.
Aquellas investigaciones pronto desbordaron las fronteras de Hungría. Bartók no solo estudió la música tradicional húngara: recopiló e investigó también músicas rumanas, eslovacas, ucranianas, búlgaras, serbocroatas, turcas y árabes. Su trabajo de campo llegó así a distintas regiones de Europa oriental y también al norte de África y Asia Menor.
Un fonógrafo entre las aldeas
Había una razón para cargar aquella máquina durante las expediciones. La música instrumental campesina podía contener ornamentaciones, cambios rítmicos e improvisaciones difíciles de registrar con precisión mientras estaba siendo interpretada. Pedir al músico que repitiera una pieza tampoco resolvía necesariamente el problema: cada nueva interpretación podía introducir variaciones y, después de numerosas repeticiones, el cansancio podía modificarla todavía más.
Bartók encontró en el fonógrafo una solución. Una interpretación compleja podía registrarse en pocos minutos y posteriormente escucharse tantas veces como fuera necesario para realizar una transcripción mucho más detallada.
Influencia de la música tradicional en la manera de componer
Aquellas expediciones terminaron siendo fundamentales para el compositor. Quien evidentemente realizó un gran trabajo de etnomusicología. Bartók explicó que el estudio de las músicas campesinas le permitió descubrir posibilidades que escapaban al predominio de los sistemas mayor y menor: escalas antiguas y pentatónicas, diferentes organizaciones métricas y una extraordinaria variedad de patrones rítmicos.
Su relación con esos materiales adoptó distintas formas. En ocasiones trabajó directamente con melodías recogidas durante sus investigaciones y escribió nuevos acompañamientos; en otras, los ritmos, escalas y procedimientos que había estudiado terminaron integrándose en su propio lenguaje, aun cuando ya no utilizara una melodía tradicional concreta.
Las Danzas populares rumanas pertenecen al primer caso: parten de melodías que Bartók había encontrado durante su trabajo de campo.
Las melodías de Transilvania
A partir de 1909, Bartók comenzó a realizar grabaciones de música tradicional en Transilvania, entonces perteneciente al Reino de Hungría dentro del Imperio austrohúngaro. Las melodías que finalmente utilizó en las Danzas populares rumanas fueron recogidas entre 1909 y 1914 en distintas localidades.
En 1915 reunió este material en una breve suite para piano; dos años después realizó la versión orquestal. La obra está formada por seis movimientos construidos a partir de siete melodías tradicionales.
Encontramos una danza del palo, una danza de la faja, una danza ejecutada prácticamente en el mismo sitio, una danza vinculada al bucium (palabra que refiere tanto a un sitio como a un instrumento musical de viento tradicional de Rumania y Moldavia), una polka y las rápidas danzas finales.
Las siete melodías que Bartók reunió en estas danzas proceden de distintas comunidades de Transilvania, entre ellas Voinic Ni, Igriş, Bucium, Beiuş y Neagra. Cada una conserva rasgos de las prácticas musicales que el compositor encontró durante sus investigaciones.
La tercera danza, Pe loc —“En el sitio”—, ofrece un buen ejemplo. Bartók registró su melodía interpretada con una flauta tradicional y, años después, al realizar la versión orquestal, confió esa línea al flautín.
Del cilindro de cera a la orquesta
Detrás de las Danzas populares rumanas existe así un recorrido que comenzó mucho antes de la partitura. Estuvieron primero los viajes, las comunidades visitadas, los músicos que Bartók escuchó, las interpretaciones conservadas en cilindros de cera, las transcripciones y el estudio de aquellas músicas.
Para Bartók, esta actividad no quedó separada de la composición. Él mismo reconoció que estudiar la música campesina había transformado su comprensión de la melodía, el ritmo y la armonía. Décadas después, al recordar sus propios descubrimientos, llegó a reconocer que algunos procedimientos que alguna vez creyó novedosos existían desde hacía siglos en distintas tradiciones populares.
Las Danzas populares rumanas permiten escuchar ese encuentro de manera particularmente directa: siete melodías recogidas durante sus investigaciones en Transilvania pasan del intérprete popular al registro fonográfico, de ahí a la transcripción de Bartók y finalmente a la partitura para piano y a la orquesta.
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Noches en los Jardines de España
Compositor: Manuel de Falla
Solista al piano: Kazuki Yamada
Orquesta: Orchestre de la Suisse Romande
Director: Mari Kodama
El arte viaja, las tradiciones se mezclan y nuevos géneros musicales aparecen. Uno de los más conocidos y familiares para nosotros en México es obviamente la música flamenca que es una mezcla de música gitana, ritmos africanos y el microtonalismo de la música musulmana que le dan ese carácter tan fuerte y característico.
El arte viaja, las tradiciones se mezclan y nuevas tradiciones musicales aparecen. En España nació el fandango que más tarde adoptamos como tradición característica de la música veracruzana, o qué tal la música que escuchamos en todas las plazas de toros de nuestro país y que está intrínsecamente ligada a la música jalisciense.
El arte viaja, y las culturas de las naciones se mezclan mientras el mundo se hace cada vez más pequeño y la música une a las naciones de formas que no podemos deshacer. Celebremos la diversidad cultural y entendamos que en nuestra diminuta esfera azul, todos somos seres humanos y compartimos para bien o para mal, el mismo destino.
Este programa radiofónico es producido en Autlán de Navarro, Jalisco, por Harlock Media, en colaboración con Jalisco Radio del Sistema Jalisciense de Radio y Televisión, y fue posible gracias a Begoña Lomelí, Barcha, Lupita Jimenez, Fabian Pelayo, Silvestre K’anil e Issac Ramirez.