La Ruta de la Seda

Retro-Conexión | Jalisco Radio

Escrito por Issac Ramírez y Silvestre K’anil Díaz

Desde que comencé a estudiar música formalmente me fascinaron las piezas con estilos folclóricos de diferentes culturas alrededor del mundo, tanto que titulé mi primer recital “El Violonchelo y el Mundo”.


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El programa incluía música judía de Ernest Bloch, música española de Isaac Albeniz, aires ingleses de Vaughan Willams y El Gran Tango de Astor Piazzolla entre otros. 

Era una época en la que las únicas orquestas y bandas juveniles que existían en Jalisco eran las del Departamento de Música de la Universidad de Guadalajara, pero ahora que cada ciudad y pueblo tiene su propia orquesta para niños y adolescentes en donde aprenden a tocar todos los instrumentos de una sinfónica, a mi como amante de la música folclórica hay un concepto que no deja de acechar mi mente. ¿Porqué nos esmeramos con tanto ahínco en enseñar a nuestros niños y jóvenes a tocar instrumentos que no tienen origen en nuestro país? Llevo años con esa idea incrustada como una piedra en el zapato y, aunque me gustaría sacar una conclusión, no he podido llegar a ninguna. 

¿Tal vez sea porque la música clásica refleja la cúspide de la excelencia estética en el mundo de la música, o porque son instrumentos tan globalizados y tan versátiles que podemos encontrar oportunidades de trabajo con ellos en prácticamente todo el mundo? Lo cierto es que, siendo yo mismo violonchelista con más de 20 años de experiencia orquestal, no puedo separarme del repertorio clásico, pero siempre he buscado la manera de relacionarme con músicos folclóricos y aprender de ellos. 

La Ruta de la Seda

El Camino de la Seda (o La Ruta de la Seda), en realidad era una red de caminos que cruzaban desiertos ardientes, montañas congeladas y reinos olvidados. Era una ruta a través de la que los antiguos comerciantes transportaban mercancías, conectando por primera vez los extremos del mundo que se conocía en esa época, pues América todavía no figuraba en el mapa. La Ruta de la Seda era la red comercial más grande del mundo y de cierta manera también era como un tratado de paz entre las naciones que la utilizaban, aunque su origen fue bélico.

China vs. Mongolia

El nacimiento de esta red de caminos no comenzó por el deseo de comerciar, sino por una necesidad de guerra y supervivencia. China sufría ataques constantes de sus vecinos del norte los Xiongnu, un imperio ubicado en lo que ahora conocemos como Mongolia.

El emperador chino  sufría los constantes ataques de los xiongnu, una confederación de tribus nómadas del norte. Desesperado por encontrar aliados, el emperador tomó una decisión que cambiaría la geografía del planeta.

En el año 138 antes de Cristo, el emperador chino Han Wudi , envió a uno de sus  oficiales más valientes e inteligentes llamado Zhang Qian hacia las inhóspitas y lejanas tierras del oeste para contactar a los Yuezhi, una tribu enemiga de Xiongnu. A mitad del tortuoso viaje los Xiongnu capturaron al pobre emisario del emperador chino y lo tuvieron en cautiverop por más de 10 años, hasta que logró escapar. Continuó su viaje hacia el Valle de Ferganá, en el actual Uzbekistán, pero no encontró el ejército que buscaba, aunque descubrió algo que deslumbró sus ojos: los "caballos celestiales",  animales altos, fuertes y veloces que, según la leyenda eran capaces de sudar sangre, ideales para el ejército del emperador Han Wudi.

Así que 13 años después de su partida, Zhang Qian regresó a China, sin ejército ni alianza militar, pero traía mapas, rutas que nadie conocía y el conocimiento de civilizaciones sofisticadas en Asia Central que ansiaban los productos chinos.

El secreto mejor guardado del Imperio Chino

En aquél entonces, el secreto mejor guardado de China era la seda, un tejido ligero, suave y brillante, y era tan importante que se penaba con la muerte a quien revelara cómo la fabricaban. Cuando cruzaron el desierto con rollos de seda, los pueblos de Occidente quedaron fascinados por este material. Los aristócratas del Imperio Romano comenzaron a importarlo y a gastar fortunas para tener unos metros de ese preciado material, tanto que el Senado intentó prohibir su uso por considerarlo un lujo inmoral y una fuga de oro para la economía de Roma.

Así fue como caravanas de camellos comenzaron a desfilar por el desierto de Taklamakán, nombre que significa "entras pero no sales". Los comerciantes intercambiaban la seda china por oro, plata, vidrio romano, lana y, por supuesto, los valiosos caballos de Ferganá, que era justo lo que el imperio chino necesitaba para vencer a sus enemigos los Xiongnu.

Los peligros de La Ruta de la Seda

La Ruta de la Seda, era una red dinámica de senderos desérticos que cambiaba según el clima y las guerras. Ningún comerciante viajaba solo desde China hasta Roma porque estaba plagada de bandidos, que si bien les iba solo los asaltaban, aunque era mejor no dejar rastros de testigos. Era tan peligroso que el comercio se hacía por relevos. Las mercancías pasaban de manos chinas a manos de comerciantes sogdianos, luego a persas, hasta que llegaban a Roma.

Con las mercancías viajaron las ideas; el budismo avanzó desde la India hasta China; más tarde, el islam, la pólvora, el papel y las técnicas de impresión transformaron el mundo gracias a este intercambio constante entre naciones e imperios.

La globalización del mundo antiguo

Lo que comenzó como la misión militar fallida de un explorador solitario, se convirtió en los cimientos de la globalización moderna. La Ruta de la Seda demostró que las fronteras geográficas no son rivales para la curiosidad humana y el deseo de conectar con otras culturas.


Este programa radiofónico es producido en Autlán de Navarro, Jalisco, por Harlock Media, en colaboración con Jalisco Radio del Sistema Jalisciense de Radio y Televisión, y fue posible gracias a Begoña Lomelí, Barcha, Lupita Jimenez, Fabian Pelayo, Silvestre K’anil e Issac Ramirez.


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