La historia de la flauta sinfónica

Retro-Conexión | Jalisco Radio

Escrito por Silvestre K’anil

¿A qué suena una flauta? ¿A un aliento ligero y agudo? ¿A una de las huellas más antiguas de la música? Aire en movimiento del cual han surgido músicas que atraviesan siglos y culturas.


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Hoy les propongo un recorrido por la historia de uno de los instrumentos más antiguos de la humanidad y que - con sus variantes - surgió paralelamente en distintas culturas.

En esta emisión escucharemos:  Concierto de Brandeburgo No. 4 en Sol mayor, BWV 1049 – Johann Sebastian Bach I. Allegro; Concierto para flauta y arpa en Do mayor, K. 299 – Wolfgang Amadeus Mozart  I. Allegro;  Syrinx – Claude Debussy (para flauta sola);  Density 21.5 – Edgard Varèse  (para flauta sola), entre otras obras. 

Vale la pena detenernos un momento en los antecesores del instrumento. Es muy difícil definir cuál fue exactamente el tatara tatara… abuelo de la flauta, ya que ésta es uno de los instrumentos más antiguos de la humanidad. Mucho antes de las orquestas, de las salas de concierto o de la música escrita, ya existían flautas hechas de hueso, de madera, de caña. Instrumentos simples, atravesados por el aire, pero capaces de producir sonido organizado, intención, expresión.

La historia de la flauta

Se han encontrado flautas hechas de hueso con más de 30 mil años de antigüedad en distintas regiones de Europa. Uno de los hallazgos más importantes proviene de una cueva en Alemania, Geißenklösterle, donde se descubrieron instrumentos elaborados con huesos de aves y colmillos de mamut.  El análisis, realizado por equipos de la Universidad de Tübingen y la Universidad de Oxford, permitió datarlos en más de 42 mil años de antigüedad.

La flauta en las culturas del mundo

También existen tradiciones milenarias en Asia —como las flautas de bambú en China y Japón—, en Medio Oriente y en América, donde distintas culturas desarrollaron sus propias variantes. En los Andes, encontramos instrumentos como la quena o el pinkillo; en Mesoamérica, flautas de barro con funciones rituales; y en Europa, la flauta traversa comenzó a tomar forma durante el Renacimiento hasta consolidarse en el Barroco como un instrumento de madera, de sonido más suave e íntimo. Con el paso del tiempo, especialmente en el siglo XIX, la flauta evolucionó técnicamente gracias a sistemas de llaves más complejos, hasta llegar a la flauta moderna de metal que hoy conocemos, capaz de proyectarse en grandes salas de concierto.

Este proyecto es un homenaje al legado de Frans Brüggen, una figura clave en la interpretación con instrumentos de época. En esta grabación, Horsch utiliza instrumentos históricos que formaron parte de su colección, lo que permite acercarse al tipo de sonido que estos instrumentos tenían en su contexto original.

La acompañan los músicos de la Orchestra of the Eighteenth Century, conjunto fundado por el propio Brüggen.

La flauta barroca

Ahora, escucharemos cómo suena la flauta dentro de una de las obras orquestales más fascinantes de Johann Sebastian Bach: los Conciertos de Brandeburgo, seleccionamos el No. 4, Sol mayor, BWV 1049.

Este concierto forma parte de un conjunto de seis obras que Bach dedicó al margrave de Brandeburgo en 1721. Cada uno de estos conciertos tiene sus particularidades, como si fueran experimentos, una exploración sobre lo que una orquesta es capaz de hacer.

En el caso del cuarto concierto, encontramos la presencia de dos flautas que dialogan constantemente con el violín solista. ¿Qué instrumento es el solista, cuáles forman parte del ripieno?

Aquí la flauta no aparece como solista en el sentido moderno. No está al frente para lucirse y conversar con el tutti, sino que se integra: entra, sale, responde, a veces se esconde y vuelve a aparecer dentro del conjunto, como si la música se estuviera tejiendo…

El periodo clásico de la flauta

Después del barroco, el papel de la flauta continúa cambiando. Poco a poco, deja de ser principalmente parte del tejido orquestal y empieza a adquirir otra presencia: más definida, más clara… más cercana al protagonismo solista.

Mozart compuso en París, en 1778, el Concierto para flauta y arpa en Do mayor, K. 299. por encargo de un aristócrata aficionado a la flauta, el duque de Guînes, cuya hija tocaba el arpa. Es decir, estamos ante una obra pensada desde el inicio como un espacio de diálogo entre dos instrumentos.

La flauta aparece con líneas más claras, más cantables, más expuestas, ahora conduce, propone, dialoga directamente con el arpa y con la orquesta. Hay una idea de equilibrio, de elegancia… muy propia del estilo clásico.

Y también cambia la manera en que escuchamos. Si en Bach, por ejemplo,  seguíamos varias líneas al mismo tiempo, aquí la escucha se vuelve más directa: podemos identificar fácilmente quién tiene la palabra, quién responde, quién acompaña.

Es otra forma de organizar la música… y también otra forma de entender al instrumento. Escuchemos este primer movimiento, Allegro, del Concierto para flauta y arpa en Do mayor, de Mozart.

La flauta moderna

Con el paso del tiempo, la flauta no solo cambió como instrumento… también cambió la manera de escribir para ella. Un buen ejemplo de ello lo encontramos en Syrinx, de Claude Debussy.

A diferencia de lo que escuchamos con Mozart, aquí la flauta aparece sin orquesta, sin acompañamiento, completamente sola.

Syrinx fue escrita en 1913 como música incidental para una obra teatral inspirada en la mitología griega. El título hace referencia a una ninfa que, según el mito, se transforma en cañas para escapar del dios Pan; de ahí surge, simbólicamente, la flauta.

Escuchamos una línea libre, flexible, la manera en que el sonido respira, en una melodía que es también un excelente ejemplo del lenguaje propio del impresionismo.

Escuchemos Syrinx, para flauta sola, de Claude Debussy, la grabación es del disco Debussy: Sonates & Trios, del sello Eratos, con la interpretación de Emmanuel Pahud.

La avant-garde de la flauta

Density 21.5, de Edgard Varèse, es una obra escrita en 1936 para flauta sola, a petición del flautista Georges Barrère, con motivo del estreno de una flauta hecha de platino.

El título hace referencia precisamente a eso: 21.5 es la densidad de ese metal.

Más allá de ese dato, lo que encontramos aquí es una manera muy particular de construir la música. La pieza no se organiza a partir de una melodía tradicional, sino mediante pequeñas células de intervalos y ritmos que se transforman a lo largo del tiempo: se repiten, se modifican, se expanden o se interrumpen .

Esto hace que la escucha no se centre tanto en “recordar” una melodía, sino en seguir el movimiento del sonido: sus cambios de dirección, sus contrastes, sus tensiones.

La flauta recorre distintos registros, alterna sonidos breves con otros más prolongados, y construye una especie de discurso fragmentado pero coherente, donde cada gesto tiene peso propio.

Es una música que exige otro tipo de atención.  Escuchemos Density 21.5, para flauta sola, de Edgard Varèse.

El placer de escuchar una flauta

Para esta parte final del programa hemos seleccionado una grabación que nos permite escuchar distintas posibilidades de la flauta dentro del repertorio francés para instrumento solo.

La selección es del álbum Manuela Plays French Solo Flute Music, interpretado por la flautista Manuela Wiesler y publicado por el sello BIS Records en 1990.

En este disco se reúnen obras de compositores como Claude Debussy, Jacques Ibert, André Jolivet, Jean Françaix, Henri Tomasi y Marin Marais, lo que permite recorrer distintos momentos estéticos, desde el barroco hasta el siglo XX.

Nos ofrece un panorama de cómo la flauta sola ha sido entendida en diferentes épocas: desde la línea más ornamental y danzable, hasta la exploración del timbre, el color y las posibilidades expresivas del instrumento. La interpretación de Wiesler se caracteriza por una gran claridad en el sonido y una atención muy precisa a los matices.

De este disco, y para cerrar esta emisión, vamos a escuchar una obra que nos lleva a otro momento en la historia de la música, pero que también permite apreciar la riqueza expresiva de la flauta. Se trata de Las Folías, (un tema muy antiguo que fue utilizado por distintos compositores a lo largo del tiempo, siempre como punto de partida para una serie de variaciones) del compositor francés Marin Marais, en una versión adaptada para flauta.



Este programa radiofónico es producido en Autlán de Navarro, Jalisco, por Harlock Media, en colaboración con Jalisco Radio del Sistema Jalisciense de Radio y Televisión, y fue posible gracias a Begoña Lomelí, Barcha, Lupita Jimenez, Fabian Pelayo, Silvestre K’anil e Issac Ramirez.


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