Movimiento de los Derechos Civiles en Estados Unidos

Retro-Conexión | Jalisco Radio

Escrito por Silvestre K’anil

¿Alguna vez han pensado todo lo que puede caber dentro de un concierto? Un par de horas… y, sin embargo, ahí aparecen historias que nacieron en distintos países, momentos históricos, e incluso distintas maneras de entender el mundo.

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Hoy quiero invitarte a viajar por diferentes geografías, memorias y paisajes culturales… sin movernos del asiento. La música tiene esa capacidad. En un mismo programa puede reunir luchas sociales, mitologías antiguas, sonidos que vienen de tradiciones populares o de rituales que nacieron lejos de las salas de concierto.

Y algo así es lo que ocurre en el Programa 5 de la Orquesta Filarmónica de Jalisco, que se presenta en el Teatro Degollado, bajo la batuta de la directora invitada Alejandra Urrutia, quien ha desarrollado una trayectoria importante en la dirección orquestal en América Latina y Europa.

Aprovecho este espacio para enviarle un saludo a mi buen amigo Isaac Ramírez, quien conduce las charla previa al concierto de la Orquesta Filarmónica de Jalisco. Si tienen oportunidad de asistir al Degollado, esas conversaciones antes del concierto son una muy buena puerta de entrada para escuchar el programa con otros oídos.

Y que, por cierto, dos de las obras de este programa no 5 son un estreno en México y primera audición con la Orquesta Filarmónica de Jalisco.

Concierto 5 de la Orquesta Filarmónica de Jalisco

El concierto que hoy nos ocupa reúne obras de cuatro compositores. Cada uno proviene de un contexto cultural diferente, pero hay algo que los conecta: la manera en que la orquesta se convierte en un espacio donde la música puede guardar memoria, ritual, incluso gesto social.

Las Variaciones Montgomery de Margaret Bonds, por ejemplo, toman un espiritual (gospel) afroamericano y lo transforman en una forma de resistencia sonora vinculada al movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos.

El concierto para timbales del compositor danés Kai Stensgaard coloca al timbal —un instrumento que normalmente vive al fondo de la orquesta— en el centro del escenario, llevando la escucha hacia la energía física del ritmo.

En Apu, la compositora Gabriela Lena Frank se acerca a la cosmovisión andina a través de un recorrido musical que alude a cantos rituales y a la presencia simbólica de la montaña.

Y el programa cierra con Rodeo de Aaron Copland, una partitura que recoge la vitalidad de la música popular estadounidense y la transforma en una escena orquestal llena de movimiento.

Gabriela Lena Frank

Gabriela Frank es una compositora estadounidense cuya obra mantiene una relación muy cercana con las tradiciones culturales de América Latina. En su caso, esa relación tiene también una dimensión personal: su madre es peruana, y buena parte de su catálogo explora sonidos, mitos y paisajes ligados a la región andina. Dentro del programa de la Orquesta Filarmónica de Jalisco aparece su obra Apu, un poema tonal para orquesta escrito en 2017.

La palabra Apu proviene de la tradición andina. En muchas comunidades de los Andes se utiliza para nombrar a los espíritus protectores asociados a las montañas. Para muchas comunidades, la montaña es una presencia viva que acompaña a quienes atraviesan la sierra, una figura protectora que forma parte de la vida cotidiana.

En ese universo simbólico, las montañas son entidades con carácter, con voluntad, con una relación directa con las personas que habitan esos territorios  más allá de simples accidentes geográficos: 

En la partitura de Apu, Gabriela Lena Frank construye un recorrido que comienza con la evocación de un instrumento andino llamado pinkillo, una pequeña flauta utilizada en ceremonias y celebraciones tradicionales. Ese gesto inicial funciona como punto de partida para que la orquesta vaya desplegando distintos colores y tensiones, hasta llegar a un momento de gran intensidad donde la presencia del Apu aparece brevemente dentro del discurso musical.

La obra forma parte de un catálogo donde la compositora ha explorado con frecuencia estas conexiones entre tradición cultural y escritura orquestal contemporánea.

I want Jesus to walk with me

Hay momentos en la historia en los que la música deja de ser solamente una expresión artística y se vuelve también un gesto público. Las obras nacen dentro de un tiempo específico: responden a tensiones sociales, a preguntas colectivas, a conflictos que atraviesan una época. Cuando las escuchamos años después, muchas veces funcionan como una radiografía de ese momento histórico.

“I Want Jesus to Walk with Me” pertenece a una tradición musical profundamente arraigada en la historia de Estados Unidos: la de los espirituales afroamericanos. Los espirituales nacieron en las comunidades esclavizadas del sur del país durante el siglo XIX. Eran cantos religiosos, sí, pero también eran mucho más que eso: eran espacios de consuelo, de esperanza, de comunidad. A través de ellos se transmitían mensajes bíblicos, pero también experiencias cotidianas marcadas por la violencia, el desarraigo y la búsqueda de dignidad.

Con el tiempo, muchos de esos cantos se convirtieron en una de las raíces de otras formas musicales fundamentales en la cultura estadounidense: el gospel, el blues, y más adelante el jazz. En “I Want Jesus to Walk with Me”, por ejemplo, la música adopta el tono de una oración sencilla. La letra pide compañía en momentos difíciles, una presencia que acompañe el camino cuando las circunstancias se vuelven adversas.

Segregación racial en EU

Décadas más tarde, esos mismos cantos volverían a adquirir una fuerza especial durante uno de los periodos más intensos de la historia estadounidense: el movimiento por los derechos civiles. Durante las décadas de 1950 y 1960, la lucha contra la segregación racial comenzó a transformar profundamente la vida social y política del país. Fueron años marcados por marchas, protestas, actos de resistencia pacífica y discursos que hoy forman parte de la memoria colectiva.

Pero también fueron años donde la música volvió a ocupar un lugar central. Muchos de los cantos que acompañaban las manifestaciones provenían precisamente de la tradición de los espirituales. Melodías conocidas que, al ser entonadas por multitudes, se convertían en una forma de sostener el ánimo colectivo y de afirmar una identidad compartida.

Margaret Bonds

Ese mismo universo sonoro es el punto de partida de la obra que abordaremos en esta sección: Montgomery Variations, de la compositora Margaret Bonds. Margaret Bonds fue pianista, compositora y una figura importante dentro del panorama musical afroamericano del siglo XX. Su trayectoria estuvo marcada por una relación muy cercana con la música de su comunidad y también por su amistad y colaboración con el poeta Langston Hughes, una de las voces centrales del llamado Renacimiento de Harlem.

A pesar de su talento y de su actividad como compositora, durante mucho tiempo su música permaneció relativamente al margen de los grandes escenarios sinfónicos. En años recientes, sin embargo, su obra ha comenzado a ser redescubierta e interpretada con mayor frecuencia. Una de sus obras más significativas es Montgomery Variations, una suite orquestal en siete movimientos escrita en 1964.

Martin Luther King Jr.

En 1963, la ciudad de Birmingham, en el estado de Alabama, se convirtió en uno de los escenarios más visibles del conflicto racial en Estados Unidos. Las protestas contra la segregación y la respuesta violenta de las autoridades provocaron una fuerte conmoción en todo el país. Ese mismo año, Martin Luther King Jr. pronunció uno de los discursos más recordados del siglo XX:

“A pesar de las dificultades del presente, sigo teniendo un sueño: el de una nación que cumpla su promesa de igualdad. Sueño con un país donde quienes estuvieron separados por la historia puedan sentarse juntos como hermanos; donde los lugares marcados por la injusticia se transformen en espacios de libertad; y donde nuestros hijos crezcan en una sociedad donde no sean juzgados por el color de su piel, sino por la dignidad de su carácter.”

- Martin Luther King

Las Montgomery Variations están dedicadas precisamente a Martin Luther King y toman como punto de partida el espiritual afroamericano:  “I Want Jesus to Walk with Me”. A partir de ese canto tradicional, la compositora construye una serie de variaciones orquestales.

Variaciones Montgomery

La idea de variación no es nueva dentro de la música clásica. Desde el periodo barroco, compositores como Bach desarrollaron la técnica de transformar un mismo material musical una y otra vez, manteniendo su esencia pero cambiando su carácter, su ritmo o su textura.

Margaret Bonds toma la forma de la variación y la lleva a otro terreno. En lugar de un tema abstracto, el punto de partida es un canto marcado por una historia muy concreta. Cada variación parece moverse entre distintos estados: momentos de recogimiento, pasajes más solemnes, otros donde la música adquiere una energía casi procesional.

La estructura completa de la obra recorre siete secciones que trazan un arco emocional amplio. Algunas evocan la esperanza y la determinación del movimiento por los derechos civiles. Otras tienen un carácter más cercano a la oración. Es interesante pensar que el espiritual afroamericano, que durante generaciones funcionó como un canto comunitario, aparece aquí transformado dentro del lenguaje de la orquesta sinfónica.

Bonds en el Teatro Degollado

Dentro del programa de la Orquesta Filarmónica de Jalisco escucharemos esta obra como estreno en México. A veces pensamos que el repertorio sinfónico está completamente establecido, como si todo lo importante ya hubiera sido interpretado. Sin embargo, todavía hay obras del siglo XX que apenas comienzan a encontrar nuevos escenarios y nuevos oyentes.

Ese es precisamente el caso de la música de Margaret Bonds. Durante muchos años su nombre circuló sobre todo por sus arreglos de espirituales tradicionales, mientras gran parte de sus composiciones permanecía poco conocida o incluso olvidada. Solo en tiempos recientes su obra ha empezado a recuperar el lugar que merece dentro del panorama musical.

Bonds fue pianista y compositora, nacida en Chicago en 1913, y desde muy joven mostró un talento extraordinario: a los veinte años se convirtió en la primera solista afroamericana en presentarse con la Orquesta Sinfónica de Chicago. Su actividad como compositora fue muy amplia —escribió música coral, canciones, arreglos de jazz, piezas para cine y teatro musical—, pero su producción sinfónica tardó mucho más tiempo en llegar a las salas de concierto.

Entre esas obras se encuentra Montgomery Variations, escrita en 1964 después de que la compositora visitó Montgomery, ella nunca llegó a escuchar esta pieza interpretada en vida. Con el paso de los años muchas de sus partituras quedaron dispersas, y algunas estuvieron a punto de perderse antes de ser recuperadas. Hoy, décadas después, su música comienza a recuperar un lugar en los programas de concierto.

Concierto para timbales

Un instrumento que normalmente escuchamos en segundo plano, marcando acentos, sosteniendo el pulso… pero que aquí aparece como solista frente a toda la orquesta. Se trata del concierto para timbales del compositor danés Kai Stensgaard, con el timbalista Sergio Quesada como solista invitado. 

Si uno piensa en los timbales dentro de la orquesta, normalmente los imagina al fondo del escenario. Ahí están casi siempre: esperando su momento, marcando acentos, reforzando un clímax, sosteniendo el pulso de la música. No suelen estar en primer plano. Su presencia es fundamental, pero muchas veces discreta. Por eso resulta interesante cuando un compositor decide hacer exactamente lo contrario: colocar al timbal en el centro de la escena.

Sergio Quesada, percusionista

Sergio Quesada, percusionista

Eso es lo que ocurre con el Concierto para timbales del compositor danés Kai Stensgaard, con Sergio Quesada como solista. Un concierto para timbales no es algo que encontremos con frecuencia en el repertorio sinfónico. 

A diferencia del violín o del piano —instrumentos que durante siglos han ocupado el lugar del solista frente a la orquesta— los timbales suelen tener una función distinta: aportar profundidad rítmica, color y energía dentro del conjunto. Pero el instrumento tiene posibilidades mucho más amplias de lo que solemos imaginar.

Los timbales no producen una altura fija: cada uno puede afinarse a distintas notas mediante un sistema de pedal. Eso permite al intérprete cambiar la afinación en pleno discurso musical, construir líneas, desplazarse entre registros y explorar combinaciones rítmicas muy complejas. Cuando un compositor decide escribir un concierto para timbales, lo que aparece es otra forma de escuchar el instrumento. Ya no como acento ocasional, sino como una voz capaz de dialogar con toda la orquesta.

Kai Stensgaard

El compositor Kai Stensgaard, nacido en Dinamarca, ha desarrollado una trayectoria muy cercana al mundo de la percusión. Su música suele explorar justamente ese territorio: el ritmo, el color, la dimensión física del sonido.

En el concierto para timbales, el instrumento solista despliega una gama amplia de recursos: cambios de afinación, contrastes dinámicos, diferentes formas de ataque, momentos de gran energía rítmica y otros donde el sonido parece expandirse lentamente dentro de la orquesta. Es una obra que desplaza nuestra atención hacia algo muy elemental en la música: el pulso, la vibración, la presencia corporal del ritmo.

Dentro de este programa de la Orquesta Filarmónica de Jalisco, la obra aparece en una circunstancia particular: se trata de la primera audición para la orquesta. El concierto tuvo su estreno en Tailandia en 2023, y posteriormente fue presentado en México con Sergio Quesada como solista junto a la Orquesta Sinfónica del Estado de México.

Su autor, Kai Stensgaard, es un compositor y percusionista danés reconocido internacionalmente, especialmente por su trabajo con la marimba. De hecho, gran parte de su trayectoria artística se ha desarrollado alrededor de ese instrumento. Stensgaard estudió marimba en Estados Unidos y es considerado uno de los pioneros en el uso de seis baquetas, una técnica que amplía notablemente las posibilidades sonoras del instrumento.

Muchas de sus obras exploran precisamente ese universo de la percusión afinada, y varias de sus composiciones para marimba se interpretan hoy por músicos de distintos países.

Rodeo en la Orquesta Filarmónica de Jalisco

Después de esta exploración rítmica, el programa de la Orquesta Filarmónica de Jalisco cambia nuevamente de paisaje. La última obra del concierto nos lleva hacia otro universo sonoro, profundamente ligado a la identidad cultural de Estados Unidos. Se trata de Rodeo, del compositor Aaron Copland.

Copland es una de las figuras centrales de la música estadounidense del siglo XX. Su obra ayudó a construir un lenguaje orquestal que muchos oyentes identifican inmediatamente con ciertos paisajes y escenas de la cultura norteamericana. En Rodeo, estrenada en 1942 como ballet, Copland trabaja con materiales que remiten a la música popular del oeste estadounidense: ritmos de danza, melodías abiertas, una energía muy directa que conecta rápidamente con el público.

La partitura describe un ambiente rural, ligado al imaginario de los ranchos y las celebraciones comunitarias. Pero más allá de esa referencia narrativa, lo que destaca es la vitalidad de la música: una escritura clara, rítmica, llena de movimiento.

Con obras como esta, Copland logró algo poco frecuente: crear un lenguaje sinfónico que, sin renunciar a la tradición clásica, resultara inmediatamente reconocible para el público de su país. Por eso muchas de sus partituras —como Appalachian Spring, Billy the Kid o este mismo Rodeo— forman parte hoy del repertorio orquestal más interpretado del siglo XX.


Este programa radiofónico es producido en Autlán de Navarro, Jalisco, por Harlock Media, en colaboración con Jalisco Radio del Sistema Jalisciense de Radio y Televisión, y fue posible gracias a Begoña Lomelí, Barcha, Lupita Jimenez, Fabian Pelayo, Silvestre K’anil e Issac Ramirez.


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