Isaac Newton, los Herschel y Charles Darwin
Retro-Conexión | Jalisco Radio
Escrito por Issac Ramírez y Silvestre K’anil
Hoy escucharemos música inspirada en la astronomía e Isaac Newton, la música que inspiraba a Charles Darwin, y la historia de los hermanos Caroline y William Herschel.
Caroline Herschel (1751-1848)
ISAAC NEWTON
El arte en la ciencia y la ciencia en el arte
Uno de los mayores problemas de la humanidad en la actualidad es que nos gusta ponernos etiquetas y encasillarnos en un estereotipo impuesto por la sociedad o hasta exigido por las instituciones. Desde la creación de las primeras universidades, comenzamos a clasificar y a separar los conocimientos por categorías y muchas profesiones están a años luz de cruzarse unas con otras. El problema con eso es que perdemos la oportunidad de intercambiar ideas, conceptos, y hasta ocurrencias casuales y esa es información que tal vez, algún día nos ayude a descifrar los misterios del universo… o por lo menos a que se me ocurra algo para arreglar ese grifo que sigue goteando en la cocina o para proponerle un trato que no va a poder rechazar a ese cliente que nos va a comprar media bodega.
Las metáforas y nuestro cerebro
Las metáforas son una herramienta abstracta que nos pueden ayudar a resolver una infinidad de problemas. Todos mis estudiantes de música saben que me la paso explicando con metáforas, todos los maestros de música, de danza, de pintura, de teatro, utilizamos metáforas para explicar a los alumnos muchos conceptos como “el arco de tu chelo es como los pulmones de un cantante” o “piensa este ritmo como los pasos de un elefante”, y nos ponemos a cantar, a gritar y a marchar como elefantes en el salón hasta que la idea está asimilada. Los chelistas típicamente no somos clarinetistas, y definitivamente no somos elefantes, pero entender el concepto de la respiración de un cantante y haber visto aunque sea en algún documental a un elefante caminando nos da el conocimiento suficiente para que nuestro cerebro conecte una metáfora con el problema en cuestión y desarrolle una solución creativa. Mientras más conocimiento multidisciplinario tenga una persona, más posibilidades existen de que su cerebro genere metáforas que lleven a un momento brillante.
Isaac Newton y las metáforas musicales
Las metáforas han desempeñado un papel crucial en las ciencias físicas desde la época de Pitágoras, y para Isaac Newton, su conocimiento de teoría musical jugó un papel importantísimo para comprender el fenómeno físico de la luz. Para el científico más importante de nuestra era, las siete notas de la escala son un metáfora de los colores del arcoíris: rojo, naranja, amarillo, verde, azul y violeta, además del índigo, que agregó para completar la escala de notas… además de que decía que estaba medio cegatón y que seguramente había otro por ahí que no alcanzaba a ver.
Newton era un apasionado de la historia y las enseñanzas de los maestros de la antigua Grecia. Estos maestros que eran científicos, filósofos, actores, músicos, todo al mismo tiempo, en sus poemas establecían relaciones metafóricas entre los colores, las notas musicales y los cuerpos celestes; porque eran digamos, sabios todólogos, así que en sus cerebros todo eran metáforas.
Isaac Newton también interpretó las ideas musicales de Pitágoras como un código o metáfora que contenía la esencia de la ley de la gravitación. 200 años después, los conocimientos sobre arte y música y su capacidad para las metáforas ayudaron a Albert Einstein a descubrir muchos de los grandes secretos del universo. Unos años después, gracias a otra metáfora, surgió en el mundo de la física la teoría de cuerdas.
Vivimos en un mundo en el que no estamos aislados. Los artistas necesitan a los científicos y los científicos necesitan a los artistas, los médicos a los ingenieros, los arquitectos a los meteorólogos. No somos solamente músicos, ni solamente abogados, ni sólo dentistas. Si nos aventuramos a aprender oficios o carreras opuestas a las nuestras, si exploramos terrenos desconocidos, probablemente, algún día, a nuestro cerebro se le ocurra una metáfora como a Isaac Newton y descubramos los secretos del universo.
CAROLINE Y WILLIAM HERSCHEL
La familia Herschel
En 1757, la familia de William Hershel emigró a Inglaterra después de una guerra entre Francia y Alemania. Lo que ellos no sabían, es que estaban cayendo en el epicentro de nada más ni menos que la Revolución Industrial y la visión del mundo estaba cambiando radicalmente. Aunque para un joven entusiasta como William, eso era bueno.
En ese entonces él tenía 19 años, ya era oboísta pero era tan curioso y tan inquieto que en un par de años aprendió a tocar violín, clavicordio, órgano y composición. No pasó mucho tiempo para que uno de los compositores ingleses más presitigiados de la época, Charles Avison lo notara y le ofreciera la posición de violinista solista en su orquesta: algo así como concertino o concertmaster. Ese mismo año, a sus 23 años de edad, compuso su sinfonía No. 8 en Do. Con esa se ganó un lugar importante entre la comunidad de intelectuales y aristócratas del Reino Unido.
La curiosidad de William fue siempre tanta que no solo aprendió todo lo que pudo sobre música sino que durante la década de los 1770’s leyó la literatura más vanguardista que pudo encontrar sobre sobre filosofía, astronomía, matemáticas, construcción de telescopios... y ahí es donde la historia cambia.
William Herschel, el fabricante de telescopios
Herschel, más que músico era emprendedor, y durante su tiempo libre, utilizó sus conocimientos y se dedicó a construir telescopios utilizando un diseño inventado por Issac Newton. Esos telescopios tenían espejos que podían captar mucha más luz de estrellas que las lentes que utilizaban los astrónomos de la época.
El problema... ¡pues los espejos! y lo más cercano que tenían a eso eran superficies metálicas pulidas. Así que William y su hermana, Carolina que también era aficionada a la astronomía, pasaron literalmente horas y horas probando diferentes aleaciones, y puliendo y puliendo para tratar de obtener la superficie más precisa y más reflejante.
Poco a poco, trabajando y fundiendo metales en una pequeña habitación apestosa, William comenzó a construir telescopios que pronto lo harían famoso en toda Europa.
Carolina Herschel, la astronoma
Con esos mismos telescopios, William y Carolina pasaron noches enteras catalogando estrellas pero… el universo que estaban viendo, no era nada como lo que esperaban. Lo que vieron fue un universo dinámico, muy complejo, maravilloso y que estimulaba su curiosidad y su imaginación aún más. Así fué como este compositor y su hermana se convirtieron en exploradores de estrellas, pero era una aventura que apenas comenzaba para ellos… y para la humanidad.
Las dos grandes preguntas de los astrónomos contemporáneos a finales del siglo 18 eran ¿Qué tan grande es el universo? y, si existe una infinidad de estrellas ¿por qué la noche es oscura y no está completamente iluminada?
Y tiene mucho sentido… y aunque la segunda pregunta puede parecer tonta, tomaría más de un siglo para que la astronomía tuviera una respuesta satisfactoria. ¿Y quién creen que fue uno de los equipos más entusiasmados por encontrar una respuesta? Exactamente: los hermanos Carolina y William Herschel.
Lo que hicieron fue buscar sistemas de estrellas dobles, con eso y por paralaje, pretendían medir la distancia de la tierra a las estrellas. La paralaje o parallax, es como cuando cerramos un ojo y luego cambiamos al otro ojo rápido y parece que todo se mueve? Es exactamente lo mismo.
Carolina y William pretendían medir la distancia de la Tierra a las estrellas utilizando los puntos extremos de desplazamiento de la tierra a lo largo de las estaciones y dos estrellas lejanas como referencias físicas. Algo así como tomar las mediciones del par de estrellas en verano, y luego tomar mediciones de ese mismo par en invierno ya que la Tierra ya recorrió casi todo lo ancho de su órbita.
Este método resultó ser poco efectivo pero Carolina y William encontraron muchas más estrellas dobles de las que hubieran imaginado y descubrieron que no vivimos en un universo estático, sino que todo se mueve en una compleja danza orgánica. Una danza inmensa que lejos de responder preguntas, creaba cada vez más y más preguntas....
Descubrimiento de Urano
William se convirtió con el tiempo en Director de Conciertos Públicos de la ciudad de Bath y en Organista de la Capilla Octagonal, pero aún con todas sus ocupaciones, nunca desatendió su exploración del cielo, hasta que un día... observó un cuerpo celeste en forma de disco. Al principio Herschel pensó que era un cometa, pero solo para estar seguro, reportó el avistamiento Nevil Maskelyn quien era el Astrónomo Real y al físico finlandés Anders Lexell. Poco tiempo después vendría la confirmación… ¡William Herschel había descubierto un planeta!
Cuando William Herschel descubrió Urano, fue nombrado Astrónomo del Rey y eso le dio más privilegios y sobre todo, más tiempo para dedicar a su exploración del espacio. Después del descubrimiento del nuevo planeta, los hermanos Carolina y William Herschel dedicaron su esfuerzo a observar cuerpos celestes que no fueran estrellas.
Un nuevo catálogo de estrellas
Durante los últimos veinte años del siglo 18, la carnala Caroline comenzó a destacar en el mundo de la astronomía después de publicar un catálogo de estrellas actualizado y descubrimientos que incluyeron 8 cometas y 14 nebulosas.
El propósito de las mediciones y observaciones que hacían ahora Carolina y William Herschel era el de registrar todos los cuerpos celestes para dibujar un mapa de todo lo que existe… o eso es lo que él pensaba. William tenía muy claro el concepto de que formamos parte de un inmenso disco con miles de soles, y que este disco tenía un tamaño delimitado. Es lo que conocemos ahora como La Vía Láctea. Su dibujo del universo parece una especie de huevo estrellado con el sistema solar casi en el centro.
Las nebulosas… ¿Qué son esas cosas complejas que están ahí y que no podemos medir? ¿De qué están hechas esas nubes… y qué tan lejos están? ¿Será que están más allá de la Vía Láctea? Será que… NOOO. Eso no es posible… ¿O sí es? ¿Otras galaxias? Pero… ¿Será eso posible?
La vigía de las estrellas
El trabajo de Carolina Herschel era mayormente el de asistente de su hermano William. Ella era la encargada de hacer anotaciones a la luz de las velas, mientras su hermano le dictaba las mediciones desde detrás de una cortina completamente aislado de la luz de las velas. Carolina se hizo tan buena observadora que William construyó un telescopio adaptado a sus necesidades y con ese fue con el que descubrió cometas y nebulosas.
William siempre apoyó a su hermana y la motivó a seguir su trabajo como investigadora. Y de hecho le insistió mucho Carolina para que publicara su catálogo de estrellas, porque el más actualizado que tenían ya tenía más de un siglo. Terminó siendo tan reconocida que el rey Gorge III le otorgó un salario para continuar su trabajo como asístente de William. Eso la convirtió en la primera mujer en recibir una posición en el gobierno y en la primera mujer en la historia de la astronomía en recibir un salario.
Lamentablemente para ellos dos y después de todo el trabajo y el tiempo que invirtieron en buscar una respuesta al problema de las nebulosas, vivían en una época en la que el conocimiento y la tecnología eran todavía muy limitadas para encontrar una respuesta a sus preguntas… ¿qué tan grande es el universo? ¿por qué la noche es oscura?
Le tomaría un siglo a la ciencia resolver este enigma. Requeriría una mente brillante, literalmente la mente de una computadora como la de Henrietta Levit.
CHARLES DARWIN
Hay personas que han hecho revoluciones en la historia —como Copérnico y Galileo, de quienes hablamos previamente— porque se atrevieron a pensar distinto y a sumergirse en la investigación, la experimentación y la comprobación. Uno de ellos —y cuya obra suscitó polémica en su tiempo, y todavía la suscita— fue Charles Darwin.
Su propuesta fue tan novedosa que influyó en un cambio de paradigmas, y en la actualidad los días 12 de febrero existe una celebración para conmemorar el día de su nacimiento conocida como el “Día de Darwin”.
En la naturaleza —nos dice Darwin— sobreviven los rasgos que hacen más probable la vida. Se conservan las características que ayudan a adaptarse, a resistir, a reproducirse.
Pero, ¿Dónde entra la música en todo esto? Hoy hablamos de Darwin, sí, pero no solo del naturalista que cambió nuestra manera de entender la vida, sino del hombre que convivió con la música, que la amó, que la perdió en parte… y que nunca dejó de preguntarse por ella.
Darwin el melómano
Charles Darwin no era músico, no tocaba ningún instrumento y admitía —con cierta ironía— que tenía “muy mal oído”. Decía que era incapaz de seguir con precisión una melodía o advertir cuando alguien desafinaba. No podía retener las piezas en la memoria ni tararearlas después. Y, sin embargo, la música lo conmovía.
En su Autobiografía recuerda el placer intenso que sentía al escuchar el coro del King’s College en Cambridge. Aquellas voces, resonando en la capilla, le producían una emoción profunda, casi inexplicable. ¿Te imaginas no poder recordar una melodía, reconocerla después ni tararearla… y aun así sentir que, al escucharla, algo se enciende?
El joven que más tarde explicaría la variación de las especies y la lógica de la selección natural se conmovía ante algo que no podía analizar ni descomponer con la misma precisión que aplicaba a su objeto de estudio científico.
Con los años ocurrió algo que él mismo lamentó. Escribió que había perdido en parte su sensibilidad hacia la música y la poesía. Decía que ya no encontraba placer en leer versos, que su mente parecía haberse vuelto menos receptiva a las artes.
Consideraba esa pérdida “una desgracia”, una especie de empobrecimiento interior, porque además de la música, en cierta época también le interesaba la pintura y otras artes.
Incluso confesó que, si pudiera volver a vivir, se obligaría a leer más poesía y escuchar más música, como una forma de mantener viva esa dimensión.
Si la selección natural conserva lo que es útil para sobrevivir, ¿qué hacemos con algo que no alimenta ni protege… pero cuya pérdida se siente como una mutilación?
Darwin ensayó una respuesta. En El origen del hombre sugirió que la música pudo surgir ligada a formas primitivas de comunicación y cortejo, algo cercano al canto de las aves. Pero incluso ahí reconocía que el placer musical parecía ir más allá de lo estrictamente necesario.
Tal vez por eso la música no encaja del todo en la lógica fría de la adaptación. Y, aun así, Händel seguía siendo uno de sus favoritos, escuchaba también obras de Haydn y Beethoveen
Emma Wedgwood
En la vida de Darwin, la música no era solo un recuerdo de juventud ni una experiencia ocasional en una capilla universitaria. También estaba en casa. Emma Wedgwood, su esposa, era una pianista que había recibido una educación musical sólida, propia de una familia culta de la Inglaterra victoriana.
Su hijo Francis Darwin dejó un retrato de aquellas noches musicales en Down House:
“Por las noches —es decir, después de haber leído tanto como le permitían sus fuerzas y antes de que empezara la lectura en voz alta— solía tumbarse en el sofá y escuchar a mi madre que tocaba el piano. No tenía buen oído, pero a pesar de ello sentía verdadera pasión por la buena música. Solía lamentar que este goce con la música se hubiera apagado con los años; con todo, que yo recuerde, le gustaban enormemente las bellas melodías. Nunca le oí tararear.”
Emma Wedgwood, por cierto, llegó a tomar clases con un célebre pianista polaco durante una estancia en Francia. Seguramente sabes de quién se trata.
El , conocido como Winter Wind, era un favorito de Charles. Quizá podemos imaginar por un momento a Emma frente al piano practicando el Estudio Op. 25, núm. 11 de Frédéric Chopin, y a Darwin en el sofá escuchando.
Missa Charles Darwin - Gregory W. Brown
En tiempos recientes, la figura de Darwin ha encontrado eco en la música contemporánea. El compositor estadounidense Gregory W. Brown exploró este cruce entre ciencia y tradición en su Missa Charles Darwin, una obra coral que entrelaza textos del propio Darwin —extraídos de El origen de las especies, La descendencia del hombre y su correspondencia— con la estructura litúrgica de la misa, y que ha sido interpretada por ensambles como New York Polyphony.
Este programa radiofónico es producido en Autlán de Navarro, Jalisco, por Harlock Media, en colaboración con Jalisco Radio del Sistema Jalisciense de Radio y Televisión, y fue posible gracias a Begoña Lomelí, Barcha, Lupita Jimenez, Fabian Pelayo, Silvestre K’anil e Issac Ramirez.