La historia de la astronomía
Retro-Conexión | Jalisco Radio
Escrito por Issac Ramírez y Silvestre K’anil
Hoy iniciamos una aventura de varias semanas llena de música y ciencia. Desde tiempos antiguos en Mesopotamia hasta el Renacimiento con Nicolás Copérnico y Galileo Galilei.
Nicolas Copérnico (1491-1495) ia
El milagro de la escritura
La escritura fue un paso gigantesco para la humanidad. Gracias a la escritura podemos comunicar ideas y contar historias que viajan en el tiempo durante milenios, pero también podemos hacer ciencia. La escritura nos permite plasmar ideas para desarrollarlas con más claridad y estructura, para observar, reflexionar, experimentar y anotar los resultados.
Enheduana, la primera científica del mundo
Es el siglo 23 a.C. y estamos en Ur, una de las ciudades más poderosas de la antigua Mesopotamia. Entre templos de adobe y zigurats que rascan el cielo, vivió la hija del rey Sargón el Grande, Enheduana, princesa poeta y sacerdotisa del templo de la luna… por una clara razón, porque además de ser la hija del rey, tenía una mente brillante e inquieta.
En una época en la que la escritura todavía se estaba desarrollando. Sin luces que obstruyan las estrellas en la noche, Enheduana pasaba noches enteras observando el movimiento de los astros, de la Luna, y anotaba, y anotaba, con escritura cuneiforme, anotaba y observaba, y seguía observando. Basada en todos los datos que acumulaba logró predecir los ciclos de la luna, el movimiento de las estrellas y las mareas del Tigris y Éufrates, que era cuestión de vida o muerte para la vida agrícola.
Princesa Enheduana (siglo XXIII a.C) ia
El poder de la observación sistemática
Así, Enheduana la poeta se convirtió en la primera científica en la historia del mundo mundial. De hecho, sus poesía contienen descripciones tan detalladas de las fases lunares y mediciones estelares que sentaron las bases de lo que hoy llamamos observación sistemática.
En estos tiempos estamos acostumbrados a ver las fotografías de alta resolución del telescopio Hubble, o del James Webb, que sorprenden cada vez más con imágenes de cuerpos celestes y fenómenos galácticos que nunca habíamos visto antes; pero hace 4300 años con tan solo una tablilla de arcilla, Enheduanna ya estaba escribiendo sus observaciones y prediciendo las mareas de la tierra y los ciclos de la Luna. Sin telescopios, sin calculadoras, solo con la vista y herramientas de medición rudimentarias, ella y su equipo descifraron el ritmo del sistema solar.
Inicia la aventura astronómica
Después de Enheduanna, entraron en escena personajes como:
Tales de Mileto (c. 624-546 a. C.)
Conocido a menudo como el «primer filósofo», a quien se le atribuye la predicción de un eclipse solar en el año 585 a. C.
Aglaonice de Tesalia (c. siglo II a. C.)
La primera astrónoma de la antigua Grecia, famosa por predecir eclipses lunares con una precisión casi perfecta.
Hiparco (c. 190-120 a. C.)
Compiló el primer catálogo completo de estrellas (aprox. 850 estrellas, que son prácticamente todas las observables a simple vista) e inventó un sistema para medir el brillo de las estrellas que aún se utiliza en la actualidad.
Claudio Ptolomeo (c. 100-170 d. C.)
Su tratado de matemáticas estableció un modelo geocéntrico del sistema solar que dominó el pensamiento occidental e islámico durante 1400 años… Osea que fue suya la idea de que la Tierra es el centro del universo.
Durante miles de años, las y los astrónomos siguieron observando las estrellas y la Luna hasta que llegó el oscurantismo, y entonces la observación y la razón se vieron eclipsadas durante siglos por un dogma que mantuvo al mundo en las tinieblas.
RESONANCIAS
Un giro copernicano
El Renacimiento de la Astronomía
En muchas ocasiones he pensado en algo que quizá podría etiquetar de “fractal”, ya ven, estos patrones que se encuentran por todas partes en la naturaleza, a niveles pequeñísimos y en las estructuras más grandes… quizá también han visto esas fotos de galaxias que nos llevan a pensar en la contraparte pequeñísima que son los átomos… esa frase tan citada de Carl Sagan en que exclama que somos polvo de estrellas.
Ya se imaginan por dónde voy. Creo que así, como en la experiencia personal tenemos momentos de revelaciones, en las que nos caen veintes, en que con el paso del tiempo y la experiencia vamos comprendiendo ciertas cosas de la vida, pues bueno, algo similar ha sucedido en la historia de la humanidad, al final de cuentas somos parte de un todo, ¿no?
Con la curiosidad de un niño
Cuando niño, me maravillaban relatos fantásticos, y después uno descubre que no existe la teletransportación, ni el viaje en una máquina del tiempo, las respuestas a muchas de las incógnitas se resolvían con mitos, con historias en que la realidad se fundía con la ficción, y así ha sucedido también con la humanidad, los mitos fundacionales de las diferentes civilizaciones han cumplido un propósito: el de dar respuestas a aquello que no se sabía exactamente qué era, mucho después con el método científico, la investigación, hemos descubierto cosas increíbles, y están bien fundamentadas, respaldadas por el método, la comprobación, pero aun así hay mucho que ignoramos, mucho que no sabemos a pesar de lo que ya sabemos.
El caso es que las grandes preguntas - algunas hasta podrían parecer ingenuas - son perennes, siguen siendo las mismas. Nos maravillamos con el mundo que nos rodea, y aún más con aquello que está fuera del planeta. Cuando yo tenía como 6 o 7 años, recuerdo torcerme el cuello por estar observando las estrellas. ¿Será cierto que son tan grandes? ¿Seguirá viva esa estrella o ya habrá explotado pero su luz apenas nos llega de tan lejos?
Creo que la curiosidad de la mirada de un niño (sí, aunque tengamos 30, 40, 60, 80, los años que sean) es algo que bien vale la pena conservar, esa capacidad de asombro.
No hay nadie, en ninguna parte del mundo, cualesquiera que sea su ocupación, cultura, usos y costumbres, ni en ninguna época histórica que no haya pensado en qué sucede arriba de nosotros, esa bola amarilla a la que le puedes lanzar montón de flechas, caerá y cederá el espacio a la luz plateada de la luna y las estrellas, y volverá a salir desde el horizonte al amanecer.
Los compositores no han sido la excepción, desde los griegos ya se preguntaban por las esferas celestes, su movimiento y vibración: ¿qué sucedía en ese espacio etéreo? ¿Cómo comprenderlo?
Esferas en armonía
Harmony of the Spheres II - Joep Franssens
Se trata de una obra inspirada en una antigua idea filosófica: la noción de que el universo, en su movimiento, guarda una armonía invisible, una especie de música que no se percibe solamente con los con los oídos, y que suscita una profunda contemplación. Franssens traduce esa idea en un lenguaje sonoro lento, expansivo y luminoso, donde el tiempo parece diluirse y la escucha se vuelve casi meditativa.
A lo mejor las mismas cosas hoy ya no nos sorprenden tanto. Desde niños aprendemos lo básico del sistema solar, los ciclos de nuestro planeta, los movimientos de la Tierra, pareciera información asumida, casi obvia. Pero pensemos esto por un momento: si hoy tuviéramos que enumerar razones para enjuiciar a alguien, se nos ocurrirían muchas. Decir que la Tierra no es el centro del universo, seguramente no estaría en la lista.
Sin embargo, durante siglos, el ser humano se concibió a sí mismo como el centro de todo lo existente. En consecuencia, nuestro pequeño punto azul —hecho de agua y tierra— fue considerado el ombligo del cosmos. Imagínate, cuestionar esa idea no quedaba en un simple desacuerdo intelectual, era un acto peligroso, muy arriesgado. Hubo quienes, al investigar y comprobar que no era así, pusieron en riesgo su propio pellejo. Los castigos no eran simbólicos ni suaves. Se trataba de sacudir una verdad absoluta, de mover el piso con tal fuerza que todo el edificio del pensamiento comenzaba a tambalearse.
Nicolás Copérnico
Por eso, siglos después, seguimos usando expresiones como “un giro copernicano” para hablar de un cambio radical en la manera de ver el mundo. Fue precisamente Nicolás Copérnico quien, en el siglo XVI, propuso algo tan sencillo como revolucionario: que la Tierra no ocupaba el centro del universo, sino que giraba alrededor del Sol. Su modelo heliocéntrico no solo transformó la astronomía, sino que alteró profundamente la forma en que la humanidad se pensaba a sí misma dentro del cosmos. No era solo un ajuste técnico; era una herida al orgullo humano.
Esta sacudida intelectual, este desplazamiento del centro, resonaría siglos más tarde en otras formas de pensamiento y de creación. También en la música.
Sinfonía “Copernicana” - Henryk Górecki
La obra que escucharemos ahora es la Sinfonía núm. 2, “Copernicana”, del compositor polaco Henryk Górecki, escrita en 1972 para conmemorar los quinientos años del nacimiento de Copérnico. Se trata de una obra monumental, para solistas, coro y orquesta, que integra textos en latín provenientes tanto de los Salmos como del propio De revolutionibus orbium coelestium, el tratado donde Copérnico expuso su teoría.
Górecki no intenta ilustrar el movimiento de los planetas ni hacer música “astronómica” en un sentido literal. Lo que le interesa es el impacto profundo de esa idea: el vértigo de sabernos no centrales, el asombro ante un universo que se rige por leyes más grandes que nosotros. La música avanza entre la solemnidad, la tensión y una especie de contemplación grave, casi ritual, como si nos colocara frente a una verdad que todavía hoy seguimos asimilando.
Galileo Gailei (1564-1642) ia
Galileo Galilei
Y si Copérnico fue quien sacudió la idea de nuestro lugar en el universo, hubo alguien que llevó esa idea a un campo aún más arriesgado: Galileo Galilei. Nacido en Pisa en 1564, no solo confirmó con observaciones telescópicas que la Tierra gira alrededor del Sol, sino que transformó la manera en que la ciencia se practica: observación directa, experimentación y razonamiento como caminos para acercarse a la verdad.
Pero sus descubrimientos no cayeron en un vacío neutral. Al contrario: lo enfrentaron a la poderosa Iglesia de su tiempo, que veía en la teoría heliocéntrica una amenaza a la interpretación literal de sus textos sagrados. En 1633, Galileo fue llamado ante la Inquisición en Roma, obligado a retractarse de sus ideas y condenado a vivir el resto de sus días bajo arresto domiciliario. Ese episodio —el peso de la autoridad, la tensión entre fe y ciencia, la fuerza de una convicción frente al poder establecido— es el corazón de la ópera Galileo Galilei, del compositor estadounidense Philip Glass.
Opera Galileo Galilei - Philip Glass
Estrenada en 2002, la obra recorre la vida del astrónomo en diez escenas que van hacia atrás en el tiempo, comenzando con un Galileo ya viejo y ciego, evocando sus memorias y confrontaciones, y cerrando con su infancia. Con un lenguaje minimalista e hipnótico, Glass hace de este contrapunto entre ciencia y dogma una experiencia sonora que oscila entre lo íntimo y lo monumental, recordándonos que la lucha por comprender el mundo a veces exige desafiar lo que parece incuestionable.
Wow! Silvestre y la música de Gorecki realmente me hicieron sentir ese vértigo que debió sentir Copérnico cuando entendió que no somos el centro del universo. Pero para Galileo debió ser una sensación distinta porque fue mucho más tangible que solo la observación a simple vista; su telescopio cambió todo. Qué instrumento tan simple en principio, y con esa cosa que es prácticamente un tubo con dos lentes mal talladas, el entendimiento del universo que teníamos cambió. ¿Te imaginas?, apuntar al cielo con tu pequeño telescopio y darte cuenta que hay otros planetas como la Tierra, y que algunos de esos planetas también tienen lunas, no solo una sino varias, como Júpiter.
La próxima semana continuaremos con la historia de la astronomía y una pieza especial de Silvestre K’anil sobre ¿la música y la evolución de las especies o algo así? Quédate en conexión con Jalisco Radio y descúbrelo el próximo jueves.
Sinestesia
El Poema del Fuego - Alexander Scriabin
Esta pieza está inspirada en el trabajo de Isaac Newton sobre la refracción de la luz, en incluye en la partitura un órgano de luz que no suena, solo cambia los colores de la ambientación de la sala. Scriabin tenía sinestesia, una condición neuronal por la que algunas personas ven los sonidos que escuchan. Un saludo a mi buen amigo Hugo Uribe, violista de la Orquesta Filarmónica de Jalisco por muchos años. Cuando hacíamos música de cámara y nos retábamos a adivinar las notas que tocábamos aleatoriamente, se desesperaba conmigo y me decía “¿pero cómo puedes no atinarle a la nota si es tan claro como ver colores?” A mí solo me quedaba resignarme con mi oído de artillero. 🙁
Este programa radiofónico es producido en Autlán de Navarro, Jalisco, por Harlock Media, en colaboración con Jalisco Radio del Sistema Jalisciense de Radio y Televisión, y fue posible gracias a Begoña Lomelí, Barcha, Lupita Jimenez, Fabian Pelayo, Silvestre K’anil e Issac Ramirez.