La historia del clarinete y el saxofón

Retro-Conexión | Jalisco Radio

Escrito por Issac Ramírez y Silvestre K’anil Díaz

El día de hoy conoceremos la historia de uno de los instrumentos más versátiles de la orquesta sinfónica. Lo podemos escuchar en las bandas norteñas en México, bandas folclóricas en los Balcanes, grupos klezmer en Israel, el jazz de Nueva Orleans, uf, podemos encontrar clarinetes, prácticamente en todo el mundo.

La historia del clarinete

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Arghul, intrumento de origen egipcio

El arghul del antiguo Egipto

El arghul es el tatara tatara tatarabuelo del clarinete y su historia comienza en el antiguo Egipto. El arghul es un instrumento de viento hecho de caña pero que tiene dos peculiaridades. La primera es que es un instrumento doble, como si fueran dos flautas de caña (una larga y otra corta) pegadas una junto a la otra. Con una de las cañas tocaban una nota pedal larga, como si fuera un auto acompañamiento; y con la otra caña tocaban la melodía. 

La otra característica del arghul es que es un instrumento de viento de caña simple. Osea que no es como el fagot que utiliza el principio del espantasuegras con dos cañas que vibran una contra la otra. El arghul es el primer instrumento de viento en la historia que utilizó una sola caña… hasta donde se sabe.

Clarinete antiguo

Las historias perdidas en el tiempo

A mi me gustaría viajar por el tiempo no para cambiar el presente. Lo que me gustaría sería ver esas historias que se perdieron en el tiempo. Historias de pequeñas naciones y pueblos que no quedaron registrados en libros, ni papiros, ni en la roca de una cueva. Los homo sapien hemos estado en el planeta por más de 300,000 años. ¿Cuántos dramas, cuántas historias de conquistas, de exploradores… de amores desamores se habrá llevado el viento en un incendio, una tormenta, o simplemente se desvanecieron entre el polvo.

El chalumeau francés

Imperios cayeron y otros nacieron y renacieron, se abrieron nuevas rutas comerciales y el intercambio cultural guió el árbol genealógico del arghul hasta Francia. Ese descendiente había evolucionado en un instrumento de una sola flauta… que ahora era de madera. El chalumeau parece muchísimo una flauta de esas que todos tuvimos en la primaria, pero la boquilla tiene una lengüeta de caña, que es la que vibra con el viento y produce su sonido.

Johann Christoph Denner

La semana pasada hablamos de la familia Hotteterre, que fueron como los Stradivarius de los instrumentos de madera por muchas generaciones, pero específicamente para el clarinete hubo un personaje que lo hizo viral. 

Para la época del renacimiento, el chalumeau ya era popular, pero su tesitura era muy corta, osea que su rango de notas era muy corta, hasta que llegó el constructor de instrumentos, el alemán Johann Christoph Denner, que por allá de los 1690 construyó un clarinete con más llave, esos fierros que sirven como extensión de los dedos, un poco más grande y que podía tocar muchas más notas que su papá el chalumeau. Hubo dos compositores ya muy famosos en esos años que cuando lo vieron y lo escucharon dijeron “esto está bien chido”, los dos pusieron manos a la obra y produjeron obras maestras para este nuevo instrumento llamado, el clarinete.


RESONANCIAS

Olivier Messiaen (1908-1992) (IA)

Cuarteto para el final de los tiempos

El Cuarteto para el final de los tiempos del compositor francés Olivier Messian, tiene una dotación de instrumentos peculiar: dos violines, una viola y un cello, o violín, viola, cello y piano… y es particularmente interesante no solo por su dotación instrumental, sino también por su número de movimientos, por su lenguaje musical… y, quizá, por una de las cosas que más impacto ha causado en torno a esta obra: el contexto y las circunstancias en las que fue creada.

La música de distintos periodos históricos tiene su propio lenguaje, su manera de organizar el sonido, su lógica interna. Los instrumentos, ya sea en una orquesta, en un cuarteto o en un trío, no están ahí por casualidad: cada uno cumple una función expresiva.

Por lo general, un compositor puede elegir con libertad: ¿necesita calidez?, ¿brillo?, ¿una sonoridad metálica?, ¿una textura más aterciopelada? Decide si quiere cuerdas, maderas, metales, percusión. Incluso puede trabajar primero al piano y después orquestar.

Pero, ¿qué sucede cuando no puedes elegir? ¿Qué pasa cuando las circunstancias te obligan a componer únicamente con los instrumentos que tienes a la mano? ¿Y qué ocurre cuando esas circunstancias son extremas: estar prisionero, en plena guerra mundial, en un campo de concentración?

Antes de contarles más sobre esta historia —y sobre cómo nació esta música para el fin de los tiempos—, los invito a escuchar el primer movimiento: Liturgie de cristal. Para entrar en su universo sonoro, en su lenguaje, en las texturas y en la manera en que estos instrumentos dialogan entre sí.

Entre el encierro y la eternidad

Pensemos juntos: ¿cómo suena el fin del tiempo? ¿Qué imágenes nos vienen a la mente cuando escuchamos esa expresión?  ¿Algo violento? ¿Un colapso? ¿Un silencio absoluto? ¿Un grito? ¿Una plegaria?

Para Olivier Messiaen, el “fin del tiempo” no era una explosión final ni un cataclismo espectacular. Era, más bien, la suspensión del tiempo. La posibilidad de que el tiempo —tal como lo conocemos— dejara de existir.

Messiaen fue un compositor francés, nacido en 1908, organista extraordinario y una de las figuras más singulares de la música del siglo XX. Su obra está atravesada por dos grandes pasiones: la espiritualidad y la naturaleza, en especial, el canto de los pájaros. Para él, las aves además de ser un motivo poético, eran verdaderos músicos: seres que no se rigen por nuestros compases, que no obedecen a nuestros pulsos regulares, que parecen existir fuera del tiempo humano.

Y quizá por eso, desde muy temprano, Messiaen comenzó a preguntarse cómo escribir una música que no avanzara hacia adelante, sino que pareciera flotar. Una música que no caminara, sino que permaneciera suspendida. Esta obsesión se vuelve central en el Cuarteto para el Fin de los Tiempos. Y no solo por razones estéticas o filosóficas.

No habrá más tiempo

En el prefacio de la obra, Messiaen cita un pasaje del Apocalipsis de San Juan. Habla de un ángel poderoso que desciende del cielo, con un arcoíris sobre su cabeza, los pies como columnas de fuego, y que anuncia algo estremecedor: “no habrá más tiempo”. No se trata del fin del mundo, sino del fin del tiempo.

Y esta idea puede leerse de muchas maneras. Históricamente, por supuesto, estamos en plena Segunda Guerra Mundial. Europa vive un colapso moral, político y humano sin precedentes. Todo parece desmoronarse. La música de Messiaen no responde con grandes discursos heroicos, sino con algo mucho más íntimo: una oración personal, frágil, suspendida entre la esperanza y el miedo.

La dimensión religiosa

Pero también está la dimensión religiosa. Messiaen era profundamente creyente. Sin embargo, no compone esta obra como un sermón ni como una narración bíblica. Lo que le interesa no es contar el Apocalipsis, sino sugerir ese momento imposible: cuando el tiempo deja de correr.

La dimensión filosófica

Y luego está la dimensión filosófica. Influido por pensadores como Tomás de Aquino y Henri Bergson, Messiaen concebía el tiempo como algo móvil, cambiante, y la eternidad como algo inmóvil, absoluto. Para él, la música podía —por momentos— hacernos tocar esa eternidad. Todo esto ya estaba en su mente antes de la guerra.

Prisionero durante la Segunda Guerra Mundial

Entonces estalló el conflicto bélico. En 1939, Alemania invade Polonia y la guerra se expande rápidamente por Europa. Messiaen se une al ejército francés como auxiliar médico. No era un soldado de combate. Era un músico. Un hombre sensible, profundamente introspectivo.

En 1940 es capturado por el ejército alemán y enviado al campo de prisioneros Stalag VIII-A, en Görlitz, en lo que hoy es Polonia. Y aquí es importante hacer una distinción: Stalag VIII-A no era un campo de exterminio como Auschwitz o Mauthausen, era un campo de prisioneros de guerra. Las condiciones eran duras, humillantes, inhumanas, pero no sistemáticamente exterminadoras. Aun así, era un espacio de encierro, de frío, de hambre, de incertidumbre absoluta.

Y es ahí, en ese lugar improbable, donde nace esta obra. En el tercer movimiento del Cuarteto para el final de los tiempos, “El abismo de pájaros”, el clarinete nos suspende con una nota de largo, larguísimo aliento…

Un concierto en cautiverio

El Cuarteto para el fin de los tiempos se estrenó el 15 de julio de 1941 en el campo de prisioneros Stalag VIII-A, en Görlitz, entonces territorio alemán. Los intérpretes fueron el propio Messiaen al piano, Henri Akoka en el clarinete, Jean le Boulaire en el violín y Étienne Pasquier en el violonchelo.

El concierto tuvo lugar en condiciones que hoy nos resultan difíciles de imaginar: en un barracón, ante cientos de prisioneros de guerra, con instrumentos prestados, maltratados por el clima, con cuerdas gastadas, llaves imperfectas y un piano que apenas resistía la afinación. Afuera hacía frío. Adentro, silencio. 

Messiaen recordaría más tarde que nunca había sido escuchado con tanta atención. Y creo que, tal vez ahí está una de las claves de esta obra: fue escrita en un momento donde el tiempo parecía haberse detenido, donde los días eran todos iguales y el futuro era incierto. 

El clarinete, en particular, tiene aquí un papel muy especial: no busca el heroísmo ni el ornamento. En “Abîme des oiseaux” por ejemplo, no hay virtuosismo como espectáculo, sino como respiración: sonidos largos, silencios, ataques suaves, ascensos lentos, como si el clarinete dudara antes de hablar.

Después del fin del tiempo

Quizá hoy esta música sigue siendo difícil de clasificar, a veces incómoda, y al mismo tiempo profundamente necesaria. Pareciera que Olivier Messiaen logró dejarnos flotando en puntos suspensivos…


Puedes encontrar a Silvestre K’anil en instagram como @s_kanil con K, o bien puedes encontrar link a sus redes en nuestra sección de biografías, en donde también puedes encontrar la playlist con toda la música que escuchamos en este episodio. Por lo pronto te dejo con este concierto para clarinete bajo, (que es una maravilla, es uno de mis instrumentos favoritos de toda la sección de las maderas), concierto para clarinete bajo del compositor Nigel Westlake.

El saxofón de Adolfo Sax

El nacimiento del saxofón

La familia del clarinete es bastante amplia. Tienen al clarinete bajo, el clarinete en Sib que es el más común, el clarinete en La que es un poco más grave, el clarinete piccolo o requinto que suena como a trino de pájaro de tan agudo, y bueno, están los primos del otro barrio. 

Adolph Sax

Cuenta la historia que en la década de los 1840, el fabricante que perfeccionó el clarinete bajo, el señor Adolph Sax, estaba escuchando un concierto y durante una sinfonía pensó “Hm… a las maderas les hace falta otro color en su sección y creo que puedo arreglarlo”.  Partió a su casa y desarmo un clarinete en siB, desdobló una corneta y le hizo hoyos, luego le puso fierros de clarinete bajo, esperó la tormenta y amarró la abominación a una plataforma en la azotea y con el estruendo de dos relámpagos que electrificaron su bronce, entre partes de instrumentos muertos y mutilados cobró vida el saxofón.



Menú de episodios

Este programa radiofónico es producido en Autlán de Navarro, Jalisco, por Harlock Media, en colaboración con Jalisco Radio del Sistema Jalisciense de Radio y Televisión, y fue posible gracias a Begoña Lomelí, Barcha, Lupita Jimenez, Fabian Pelayo, Silvestre K’anil e Issac Ramirez.


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