El fagot
Retro-Conexión | Jalisco Radio
Escrito por Issac Ramírez y Silvestre K’anil Díaz
El día de hoy, escucharemos a un instrumento que para mi es el dandy de la orquesta sinfónica. Es como un caballero elegante al estilo steampunk, con su madera pulida, sus llaves relucientes que suenan clic, clic,clic, cuando lo escuchas de cerca.
Miembro de la familia Hotteterre tocando el fagot en Paris (IA)
El fagot es el instrumento más grave de la sección de maderas y también puede cantar melodías de la manera más sobria, igual que un abuelo dando consejos sabios a sus nietos.
Duduk armenio. Foto: Armen Enikolopov
El duduk, ancestro del fagot
El duduk es un instrumento de aliento que nació hace más de 1000 años en la zona de Armenia, país vecino de Turquía e Irán (para ubicarnos un poco en el espacio). Su peculiaridad principal es que produce su sonido soplando a través de una embocadura de doble caña, más o menos el mismo principio de un espantasuegras, como una chirimía, pero con una doble caña mucho más ancha, pero de hecho si parece chirimía.
Con el tiempo, el duduk se diseminó por toda Europa oriental gracias al camino de la seda. Igual que la evolución de las especies, muchas variaciones de este instrumento surgieron durante varios cientos de años, pero la mayoría de esos parientes del duduk sobrevivieron durante poco tiempo. Pasaron los siglos y por ahí de los años 1500, uno de esos parientes lejanos del duduk comenzó a dominar las salas de cámara porque tenía un sonido particularmente amable y elegante.
El dulcian
Lo que acabamos de escuchar es el ensamble de dulcianes Syntagma Amici. Los dulcianes ya no se parecían mucho a los duduks que parecían chirimías. Los dulcianes venían en diferentes tamaños, pero básicamente eran un, digamos, tronco de madera tallado por fuera y por dentro en una sola pieza; y a diferencia de los duduks, la boquilla de doble caña va conectada al instrumento con una especie de, y que los dioses me perdonen por decir eso, va conectada con un popotito con dos curvas que se llama tudel, y este popotito parece ser todo un show porque los músicos invierten varias quincena para conseguirlos.
El dulcian es el pariente más cercano del fagot, pero para hablar de la historia de los instrumentos de aliento de la orquesta sinfónica, tenemos que hablar de la familia Hotteterre.
La familia Hotteterre
A finales del siglo XIV vivió un señor tornero que se llamaba Loys de Hotteterre. El señor Hotteterre tuvo 7 hijos, y como era tradición en la época, les enseñó a todos el oficio de la carpintería en la especialidad de tornero para que continuaran el linaje de papá. Y ahí están los 7, girando madera, tallando madera, girando madera, tallando madera…
Dulcianes varios - Museo de Bruselas
Claro que fabricar postes para barandales todo el día no era la tarea más emocionante ni satisfactoria que digamos, así que con toda la mente ociosa y experimentadora de la mente joven, algunos de los hermanos Hotteterre comenzaron a tallar flautas y otros instrumentos de aliento como oboes, mucetas, y dulcianes, ese instrumento que escuchamos antes que parece un tronco con un popotito. Los hijos de Monsieur Loy, Jean y Nicolas, fueron los primeros fabricantes de instrumentos de aliento en la historia de la familia Hotteterre, una tradición que conservaron por casi 200 años y que dejó un legado duradero en las técnicas de fabricación.
El nacimiento del fagot
Verás, el problema con los dulcianes es que estaban tallados en una sola pieza. Pero, ¿por qué es eso un problema? Porque no es como una flauta, que es prácticamente un tubo con un ducto que atraviesa de lado a lado en línea recta. Por dentro de su tronco, el tubo del dulcian va y viene, osea que hay que perforar un ducto en forma de U antes de llegar al otro extremo.
Durante generaciones y generaciones, los Hotteterre se dedicaron a perfeccionar instrumentos de aliento, y a mediados del siglo XVII, idearon una forma de simplificar la construcción del dulcian: lo que hicieron fue dividirlo 4 partes diferentes que se podían desensamblar con facilidad y agregaron llaves para extender su tesitura, y para hacerlo más cómodo de tocar. Fue con esta hazaña técnica simple pero práctica, que nació en Francia le basson, en español: el fagot.
RESONANCIAS
Siempre me ha impresionado cómo empieza un concierto: esa afinación, ese “La” que parece una llave que abre la puerta a todo lo que viene. Cada instrumento tiene su propia manera de respirar dentro de la orquesta… y cuando nos detenemos a escuchar con atención, descubrimos que cada uno es un personaje con historia propia.
Hoy continuamos este recorrido por los instrumentos de la orquesta, y lo hacemos desde los alientos madera: ese territorio donde la madera vibra para convertirse en voz.
Una escultura de madera
El fagot es casi una escultura de madera: largo, elegante, con un mecanismo que parece relojero. Y detrás de esa apariencia está uno de los sonidos más expresivos de la orquesta.
Nació hacia el siglo XVI como evolución del dulcian, un instrumento más pequeño, pero con ese mismo color oscuro y flexible. Con el tiempo fue tomando la forma que conocemos, hasta convertirse en una especie de narrador capaz de moverse entre lo cómico, lo melancólico y lo profundamente humano.
Su registro grave tiene algo vocal, casi como una voz antigua. Pero cuando sube al registro agudo —algo poco habitual— aparece un sonido tenso, frágil, sorprendentemente humano. Y ahí es donde los compositores aprovechan para pedirle cosas muy específicas.
Alucinaciones musicales
El compositor francés del siglo XX: Alain Bernaud, nacido en una familia profundamente musical —violinistas, pianistas, directores de coro— y formado en un ambiente donde nombres como Ravel o Delage eran parte de la conversación cotidiana. Su pieza Hallucinations tiene algo hipnótico: avanza como una sombra que se enciende y se apaga, y el fagot se vuelve narrador de un sueño raro, inquietante, lleno de colores internos. Y quien da vida a todo eso es Marc Trénel, uno de los grandes fagotistas franceses contemporáneos. Su sonido, claro y lleno de carácter, ayuda a que este instrumento muestre esa faceta tan interesante.
Camille Saint-Saëns (1835-1921)
Una oportunidad para ser escuchado
En 1921, a sus más de ochenta años y en el último año de su vida, Camille Saint-Saëns decidió dedicar sus últimas energías creativas a tres instrumentos que pocas veces tenían papeles solistas: el oboe, el clarinete y el fagot.
En una carta a su amigo Jean Chantavoine escribió:
“Estoy concentrando mis últimas reservas en dar a instrumentos poco considerados la oportunidad de ser escuchados.”
Sonata para fagot
Ese impulso da origen a esta sonata: una obra breve, clara, luminosa. Tres movimientos que funcionan como una conversación íntima entre el fagot y el piano, escrita con una sabiduría serena. El primer movimiento es tranquilo y refinado, con esa elegancia francesa donde nada sobra. El segundo, marcado scherzando, es ligero, ágil, sorprendentemente juguetón.
Y el tercero… es el más íntimo. Líneas largas, casi suspendidas, como si el instrumento mirara hacia atrás, hacia toda una vida de música.
De alguna manera, esta sonata es un pequeño testamento artístico: una despedida escrita con delicadeza para un instrumento al que Saint-Saëns quiso —como él mismo dijo— “dar la oportunidad de ser escuchado”.
El contrafagot
Este episodio está dedicado al fagot, basson en francés, y bassoon en inglés, por si tienes la curiosidad de navegar el internet en busca de este elegante y extraño instrumento de viento madera, o puedes consultar la playlist con la música que escuchamos el día de hoy y algunas piezas más que no tuvimos tiempo de sacar al aire, pero que realmente vale la pena escuchar, y de ahí en adelante solo tienes que dejarte llevar por el algoritmo que te dará un paseo por por este mundo de frecuencias bajas aterciopeladas del fagot. Y si el fagot ya es un instrumento que suena grave, imagina a qué sonará el contrafagot, ¡todavía más grave!
Este programa radiofónico es producido en Autlán de Navarro, Jalisco, por Harlock Media, en colaboración con Jalisco Radio del Sistema Jalisciense de Radio y Televisión, y fue posible gracias a Begoña Lomelí, Barcha, Lupita Jimenez, Fabian Pelayo y Silvestre K’anil.