BEETHOVEN

Qué hubiera sucedido si Miguel Angel hubiera perdido la vista, o si Ghandi hubiera sido incapaz de hablar. Hoy quiero platicarte un poco de mi héroe, un genio incomprendido adelantado a su época que la historia ha caricaturizado como un personaje desagradable, de mal genio y qué solo componía música trágica y lúgubre.

Es mi héroe porque a pesar de haber tenido una vida muy difícil y de haber perdido el sentido con el que todos admiramos su música, su obra es una oda a la alegría de vivir y a las maravillas que puede crear el ser humano. Sí, ya adivinaste, estoy hablando del compositor alemán Ludwig van Beethoven. 

El Personaje

Si pudiéramos viajar en el tiempo para conocer a Beethoven, sería una experiencia muy extraña. Su ropa era un desastre, su pelo era un desastre, su sombrero era un desastre; en fin, todo él era un desastre. Caminaba para todos lados frenéticamente, gesticulando, murmurando para el mismo, de repente soltaba una carcajada estruendosa sin razón aparente, y entonces se detenía, tarareaba alguna melodía y balbuceando rayoneaba quién sabe qué garabato en un pequeño cuaderno de notas que sacaba de su bolsillo… y otra vez comenzaba a caminar por todos lados. 

Su apartamento era un completo desorden. Había partituras regadas por doquier, su piano estaba todo manchado de tinta y tenía un montón de cuerdas rotas, había sillas tiradas, y platos de comida a medias por aquí y por allá. Cuando le daba calor por andar caminando de arriba a abajo, agarraba un bote de agua y se lo echaba en la cabeza salpicando todo y se escurría entre las ranuras de la madera del piso empapando al pobre vecino del departamento de abajo. Chale, Beethoven era el vecino que ninguna persona quiere tener.   

A la gente le daba miedo visitarlo porque pensaban que odiaba a las personas, y ciertamente odiaba que lo visitaran cuando estaba trabajando en una nueva composición, pero le encantaba recibir la visita de sus amigos cuando lo consideraba apropiado y les daba una bienvenida muy efusiva.. a su manera claro... Sí era muy temperamental y muchas veces hasta grosero con ellos cuando estaba en desacuerdo en algo, pero siempre pedía disculpas días después cuando se daba cuenta que la había regado. Trataba a todo el mundo por igual, fueran sus amigos, el bar tender o hasta a los aristócrata, porque algo que él odiaba era que lo trataran como animalito de circo (así como a Mozart) así si querían ser sus amigos, lo tenían que aceptar tal y como era sin importar su vestimenta o sus malos modales. 

Ludwig van Beethoven - Hugo Hagen, 1892

Con todo y todo, tenía un corazón bondadoso. Si alguno de sus amigos estaba en problemas, él era siempre el primero en querer ayudar. Una vez ayudó a recaudar dinero para una de las hijas de Johann Sebastian Bach que estaba en dificultades económicas. Pero, a medida que su sordera empeoraba, se volvió paranoico y comenzó a sospechar de todo el mundo. Hasta pensaba que sus amigos solo se querían aprovechar de él para sacarle dinero. 

Por muchas razones la historia ha pintado a Beethoven como un hombre áspero y enojón, pero hay mucho más facetas de él que esa imágen caricaturesca. El destino lo trato muy duro y como él mismo decía “La vida es hermosa, pero para mi esta envenenada para siempre”. La mayoría de las personas nos hubiéramos desplomado si hubiéramos perdido el oído, el sentido más importante y esencial para crear nuestro arte, pero no Beethoven. Él era un verdadero héroe y siempre va a ser para mi un ejemplo de fortaleza a seguir.

El abuelo de Ludwig van Beethoven era músico y su papá también, pero para su mala suerte, su padre estaba obsesionado con hacer de él el próximo Mozart y lo ponía a estudiar mañana, tarde y noche. Además el señor era alcohólico y cuando el pequeño Ludwig cometía errores, lo golpeaba en los oídos (cosa que pudo haberle causado lesiones que desencadenaron su sordera años después).

Una vez, cuando todavía era un niño, tuvo la oportunidad de conocer a Mozart en Viena. Cuando el genio de Salzburgo lo escuchó tocar no quedó muy impresionado y eso enfureció al pequeño así que en el momento se puso a improvisar un tema del mismo Mozart y poco a poco lo dejó con el ojo cuadrado. “Hm, no le quiten los ojos de encima a este muchacho, algún día le dará al mundo algo de qué hablar” dijo Mozart.  

Antes, la mayoría de los recitales eran en casas o castillos de gente rica, y solo se podía asistir bajo invitación. El joven Ludwig tocaba piezas de Bach, de Mozart y sus propias composiciones que llevaban al público a las lágrimas, pero eso le parecía ridículo. XD Cuando veía a alguien del público llorando por lo conmovedora que era su música, volteaba y se reía de ellos o ponía cara enfado por lo tontos que eran. 

Llegando a los 30s, su sordera comenzaba a ser muy evidente y no podía ocultarla más. En 1802, mientras se encontraba en un pequeño pueblo llamado Heiligenstadt, Beethoven escribió una carta a su hermano Carl (tenía dos hermanos, Carl y Johann) y esta carta es conocida como el Testamento de Heiligenstadt.

Testamento de Heiligenstadt

A mi hermano Carl:

¡Oh, hombres que me juzgaron malevolente, testarudo o misántropo! ¡Qué equivocados están! Desde mi infancia, mi corazón y mi mente estuvieron inclinados hacia el tierno sentimiento de bondad, inclusive me encontré voluntarioso para realizar acciones generosas, pero, reflexionen que hace ya seis años que me he visto atacado por una dolencia incurable, agravada por médicos insensatos, estafado año tras año con la esperanza de una recuperación, y finalmente estoy obligado a enfrentar el futuro una enfermedad crónica, cuya cura llevará años, o tal vez sea imposible.

Nací con un temperamento ardiente y vivo que hasta me hace susceptible a las distracciones de la sociedad, pero desde muy joven fui obligado a aislarme, a vivir en soledad, y cuando en algún momento traté de olvidar esto, fui duramente forzado a reconocer la realidad de mi sordera, y aun entonces, era imposible para mi decirle a los hombres, habla más fuerte!, grita!, porque estoy sordo. Ah! Cómo era posible que yo admitiera la debilidad de un sentido que en mi debiera ser más perfecto que en otros, un sentido que una vez poseí en la más alta perfección, una perfección tal como pocos en mi profesión disfrutan o han disfrutado. Yo ya no puedo hacerlo, entonces perdónenme cuando me vean retirarme cuando esté yo mezclado entre ustedes con agrado, mi desgracia es doblemente dolorosa porque forzosamente ocasiona que sea incomprendido, para mi ya no puede existir la alegría de la compañía humana, ni los refinados  diálogos, ni las mutuas confidencias, solo me puedo mezclar con la sociedad un poco cuando las más grandes necesidades me obligan a hacerlo. Debo vivir como un exilado, si me acerco a la gente el terror de que puedo estar en peligro de que mi condición sea descubierta se apodera. Así fue durante el año pasado que me la pasé en el campo, por orden de mi médico que me ordenó a descansar mi oído tanto como fuera posible, aunque algunas veces quebré la regla, movido por mi instinto de socialización, pero era humillante cuando alguien se paraba a mi lado escuchando una flauta a la distancia, y yo no escuchaba nada, o alguien escuchaba cantar a un pastor, y yo otra vez no escuchaba nada, estos incidentes me llevaron al borde de la desesperación, un poco mas y hubiera puesto fin a mi vida – solo el arte me sostuvo… pero ah, parecía… imposible dejar este mundo hasta haber producido todo lo que yo sentía que estaba llamado a producir, solo así supe soportar esta existencia miserable en la que una naturaleza corporal hipersensible a la que un cambio inesperado puede lanzar del mejor al peor estado – Paciencia, es la que ahora debo elegir para que me guíe, y así lo he hecho, espero que mi determinación permanezca firme para soportar hasta que a la  parca le plazca cortar el hilo; tal vez mejoraré, tal vez no, pero estoy preparado.  

Forzado ya a mis 28 años a volverme un filósofo, no es fácil, y menos fácil para el artista que para otros – Dios, tu que miras dentro de lo profundo de mi alma, Tu sabes, Tu sabes que el amor al prójimo y el deseo de hacer el bien, habitan en mi. Y ustedes, hombres, cuando algún día lean estas palabras, piensen que han sido injustos conmigo,  y dejen que se consuele el desventurado al descubrir que hubo alguien semejante a él, que a pesar de todos los obstáculos de la naturaleza, hizo todo lo que estuvo en sus manos para ser aceptado en la superior categoría de los artistas y los hombres dignos.

Ustedes, mis hermanos Carl y Johann, en cuanto yo muera, guarden este documento con la historia de mi enfermedad para que en la medida de lo posible, al menos el mundo se reconcilie conmigo después de mi muerte. Al mismo tiempo los declaro a los dos como herederos de mi pequeña fortuna (si así se puede llamar), divídanla justamente, acéptense y ayúdense uno al otro, cualquier mal que me hayan hecho, ustedes saben que hace ya tiempo lo olvidé. A ti, hermano Carl te doy especialmente las gracias por el afecto que me has demostrado últimamente. Es mi deseo que sus vidas sean mejores y mas libres de preocupación que la mía, enseñen la virtud a sus hijos, esta sola puede dar felicidad, no el dinero, hablo por experiencia, solo fue la virtud que me sostuvo en el dolor, a esta y a mi arte solamente debo el hecho de no haber acabado mi vida con el suicidio. 

Adiós, quieranse uno al otro, Deseo que mis instrumentos sean conservados por uno de ustedes, pero que no resulte una pelea por ellos, si pueden servirles con otro fin, vendanlos, me sentiré contento si puedo serles de ayuda desde la tumba. Con alegría me acerco a la muerte. Si esta llega antes de que tenga la oportunidad de mostrar todas mis capacidades artísticas, habrá llegado demasiado temprano, no obstante mi duro destino y probablemente desearé que hubiera llegado más tarde – pero aun así estaré satisfecho porque al fin me habré liberado de mi interminable sufrimiento. Venga cuando venga, le recibiré con valor. 

Adiós y no me olvides completamente cuando esté muerto, merezco eso de ustedes, habiendo yo pensado en vida tantas veces acerca de cómo hacerlos felices, ¡seanlo!

Ludwig van Beethoven
Heiligenstadt. Octubre 6 de 1802

El Final

Su música muchas veces refleja batalla personal, componiendo mientras batallaba para aceptar su sordera, realmente parece que está desafiando al destino. Pero otras veces puede ser completamente lo opuesto. Con el tiempo y con su sordera empeorando, su música se volvió cada vez más hermosa; en silencio creó un mundo perfecto de sonido y durante sus últimos años de vida compuso algunas de las obras más maravillosas jamás compuestas.

Para 1826 el estado de salud de Ludwig Van Beethoven ya se había deteriorado mucho; el hombre recio y rudo que había sido por tantos años se había convertido en un viejo decrépito que se rehusaba a dejar de componer aún en su cama. Durante sus últimos años, compuso la Misa Solemnis, la Novena Sinfonía e inesperadamente, sus obras finales fueron cuartetos de cuerdas, unas joyas de la música de cámara que cambiaron para siempre la forma de componer para siempre. 

El 26 de marzo de 1827, durante fuerte tormenta, las personas que estaban con él en su lecho de muerte cuentan que, pudieron verlo bajo la luz de los rayos, incorporándose sobre su cama y levantando el puño hacia los cielos     en forma de reclamo antes desplomarse sobre su almohada por última vez. 


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